La soberanía como excusa

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /
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Hablando de futbol, juegos olímpicos y burocracia, podemos decir que todos los países somos iguales. Bandera + Himno = Nación. A partir de ese referente surge un torrente retórico sobre soberanía, multilateralismo y el mundo imaginado por John Lenon.

Hoy que la tribuna principal de la Asamblea General de la Organización se utiliza para exaltar el nacionalismo más recalcitrante –el de Mr. Trump- ante el cual la presidenta mexicana utiliza su púlpito mañanero denunciar las “injerencias”, vale la pena reconocer nuestro entorno desde otras perspectivas. La del dinero, por ejemplo.

El GDP nominal del planeta del 2026 será de 126.3 millones de millones de dólares, según el Fondo Monetario Internacional. A partir de ahí, debemos reconocer a Estados Unidos y China como los principales motores del mundo. Sus economías juntas valen $53 millones de millones--, esto es, poco más de un 40 por ciento del total.

De hecho, son 21 los países cuya producción anual supera 1 millón de millón de dólares; esto es, lo que en inglés se conoce como “trillón”. Además de los dos ya citados, estamos hablando de Alemania ($5.5), Japón ($4.4), el Reino Unido ($4.3), India ($4.1), Francia ($3.5), Italia ($2.7), Rusia ($2.5), Canadá ($2.4), Brasil ($2.2), España ($2.0) y México ($2.0).

Junto con otros ocho países (Australia, Corea del Sur, Turquía, Indonesia, Países Bajos, Arabia Saudita, Polonia y Suiza) las economías valuadas por arriba del $1 trillón, suman una fuerza de de 102.2 trillones.

Para dolor de la vieja guardia de la ONU y los “internacionalistas” que desde la academia suspiran con un mundo igualitario, justo y democrático, aquí tendríamos que poner la primera marca de medición de “la realidad internacional”. Como slogans, ni independencia ni soberanía sirven de mucho.

El resto del mundo, 172 países, no cruzan la línea económica del 1 trillón. Estamos hablando de la mayor parte de África, múltiples países de Asia y Oceania, de casi toda América Latina y buena cantidad de naciones territorio o población pequeñas que, juntas representan una economía de unos $24 trillones, una sexta parte del total.

Así, las viejas etiquetas de naciones soberanas comienzan a no tener sentido, si consideramos, por ejemplo a Elon Musk, hasta ahora el único individuo que vale más de $1 trillón, un peculiar individuo que tiene más dinero que cada uno de esos países.

De acuerdo con la lista de Forbes, son 20 los personajes con fortunas personales superior a los $100 mil millones de dólares. En conjunto con las 180 corporaciones top, representan un valor económico de entre $60 y $65 trillions.

El llamado top 1% de la población, unas 80 millones de personas con más de 1 millón de dólares, representan una cantidad de dinero equivalente a dos años completos de toda la economía del planeta.

Encabezados desde hace relativamente poco tiempo por la llamada Big Tech, un puñado de empresas tienen un valor económico muy superior al conjunto de los 112 países con un GDP nominal inferior a los 100 mil millones de dólares. Esto es, Nvidia, Alphabet (Google), Apple, Microsoft, Amazon, Taiwan Semiconductor (TSMC), Broadcom, Saudi Aramco, Tesla, Meta Platforms, Samsung, Berkshire Hathaway, Micron Technology, SK Hynix y otras pocas compañías representan un valor económico mayor a los poco más de mil 300 millones de seres humanos que habitan en todos esos países, juntos.

Para remarcar aún más la paradoja de la inequidad, vale recuperar el dato clásico sobre el tema: el 50 por ciento de la población mundial de menores ingresos –esto es, 4 mil millones de seres humanos--, comparten menos del 1 o 2 por ciento de la riqueza mundial; para decirlo en otras palabras, el valor monetario de la mitad de los habitantes del planeta no supera los $5 millones de millones. Lo cual, hay que subrayarlo, es una cantidad inferior a los $5.3 trillones que es el valor de mercado de la corporación de hasta arriba: Nvidia, la estrella flamante de los mega chips que dan vida al fenómeno de la Inteligencia Artificial.

Por supuesto que algo está mal cuando reducimos el mundo a un tema de dineros. Deberíamos ser capaces de verlo en función a otros indicadores relevantes, como el de fuerza bruta, un campo en el que las cosas pintan aún peor para los países pequeños.

Probablemente el Estado-nación sigue siendo el concepto más funcional para entender el mundo moderno. Pero ya no es suficiente. Y porque en el caso mexicano la perorata sobre las “injerencias” tiene un intenso tufo a añoranza de la “pax narca”, la defensa de las soberanía termina como discurso hueco.

Justo por ello es aún más peligrosa la advertencia de Mr. Trump contra México, pues enfoca su reclamo en términos territoriales. Y para colmo, su burdo reclamo tampoco tiene que ver con soberanía de su país. En un muy poco disimulado intento por recuperar su éxito electoral de hace 8 años con aquella melodía de los “bad hombres”; ahora vuelve a recurrir al botón del miedo ante las 2 mil millas de frontera amenazadas por un territorio vecino controlado por los perversos “narcoterroristas”.



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