Más allá de las Ideologías

  • Tiempos interesantes
  • César Romero

Ciudad de México /
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Me quedo con las cuatro palabras que hace poco menos de 200 años utilizó Federico Engles para definir el concepto: “Ideología es falsa conciencia”.

Si bien para la doctrina marxista su uso ha tenido siempre un sesgo contrario a la visión de mundo capitalista y casi nunca se ha utilizado de manera autocrítica, el hecho es que la moda de las ideologías está de vuelta.

A casi 40 años del colapso soviético, una parte del mundo se ven a sí mismos atrapado en la vieja y simplona polarización entre “izquierda” y “derecha”. Volvemos a utilizar aquel referente de identidad política de la penúltima década del siglo XVIII originado en el lado del salón de la Asamblea Nacional en que colocaban sus posaderas los representantes de las principales facciones de la Revolución Francesa. Nalgas a la izquierda, Jacobinos; nalgas a la a la derecha, Girondinos.

Nunca tan eficiente como la eterna división entre el bien y el mal --diosito y el diablo—, pero las ideologías políticas han resultado formidables herramientas para el alineamiento de las trincheras y el embrutecimiento masivo.

Si el maniqueísmo bipolar sirvió durante buena parte del siglo pasado como un mecanismo eficiente de control político, no es casual que sean los propios gobiernos los principales propagandistas de una supuesta división del mundo en dos bandos: Nosotros-el movimiento, versus ellos-“los de antes”.

Dicho en el lenguaje cifrado de los complots, la ubicación de la primera barricada se encuentra a partir de dos palabras clave: Soros y Barcelona. La segunda es brutalmente más fácil de encontrar, se localiza en el 1600 de la avenida Pennsylvania, en Washington, D.C. Y, por cierto, es ahí desde donde más se habla del regreso de los comunistas.

Ello, a pesar de que en los hechos lo que más ha avanzado alrededor del mundo son los proyectos populistas –de izquierda o de derecha; lo mismo da. Ante el rechazo al “neoliberalismo” y el amplio desencanto con las promesas democráticas del último medio siglo lo que tenemos son líderes más o menos carismáticos que se proclaman como la voz del pueblo, apuntalando su aceptación a través de la reactivación del racismo, intolerancia, explotación y violencia.

Si bien el Brexit (2016) marca el último giro del péndulo político hacia la derecha, el suceso de mayor impacto en esa dirección es, por supuesto, el fenómeno Trump y esos poco más de 200 millones de votos que ha logrado obtener en las tres últimas elecciones presidenciales. Algo similar ocurre en buena parte de Europa y en nuestra región el giro hacia los gobiernos de derecha es también epidémico. Ahí está el loco de Argentina y sus gritos en contra de “¡los zurdos de mierda”! O Chile, Ecuador y Colombia.

En contraparte, qué decir de las “opciones” de izquierda: ¿Nicaragua? ¿Cuba? Ya pronto sabremos que rumbo deciden tomar en las urnas los brasileños --¿más Lula o Bolsonaro?--. Por no hablar (ahora) de México –¿Andy o el tío Ricky?... ( “No, por favor… ¡Esquina bajan!”).

De aquel concepto que Carlos Marx consideraba como lo contrario a las ideologías --“la conciencia de clase”-- lo que resultó fueron regímenes tan totalitarios como ineficientes; con la excepción China.

Para el marxismo las ideologías hacen que las personas acepten un orden social injusto como si fuera natural. Hoy que usamos la palabra “narrativa” en vez de “ideología”, se nos cuentan que los comunistas todavía quieren quitarte tu casa, robarte a tu mujer y comerse a tus niños. Pero, del otro lado la perorata es bastante parecida, solamente que el lobo malo despacha en La Casa Blanca, busca terminar de saquear tus grandes riquezas naturales (¿?) y quiere destruir tu alma (¡sin maíz no hay país).

Pero si a pesar del estruendo de los tambores, la propaganda y las distracciones, en algún momento de lucidez nos logramos despertar, podremos darnos cuenta de que más allá de las ideologías lo que hay son intereses. Las agendas de personas y grupos específicos que seguirán apostando a que seamos nosotros (¿?) quienes vayamos por delante de “los otros”.

Consecuencia quizás de la aventura de rapiña global y degradación moral del señor Trump y su pandilla de grandes personajes con riquezas y privilegios que bordan la obscenidad, hoy podemos ver en muchos lados, incluso dentro de Estados Unidos, el resurgimiento de ideas y liderazgos de corte “progresista”, pero que no caben en la cajita de “las izquierdas tradicionales”.

Casi siempre sin identificarse como “socialistas” o –dios nos libre—“comunistas”, se trata de opciones cautelosas que, en lugar de grandes proclamas generales, ofrecen salidas concretas para algunos de los múltiples problemas sociales concretos y ya han obtenido importantes triunfos a nivel local. Probablemente sus efectos no serán tan claros en lo inmediato, pero si somos capaces de ver más allá de las ideologías, quizás desde ahí lleguen los nuevos vientos de cambio.


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