Le dije a mi amigo Gerardo que lo iba a poner de ejemplo en mi siguiente columna. Así que, sorry Gerardo, te lo advertí.
Gerardo es un cuate muy propositivo, echado pa’lante y ganoso en la chamba… pero disperso, indisciplinado y sin estructura (no le estoy echando a tierra, él sabe esto porque se lo acabo de decir, otra vez, en su jeta).
Por eso me busca recurrentemente para “que le dé tips” para mejorar, corregir o gestionar alguna de las actividades de ventas que tiene (anda haciendo la lucha en 4, pero es en 2 en donde de plano sólo hace malabares). El punto central de sus problemas, es que no tiene hábitos de emprendedor, ya no digamos de empresario.
Ya te he explicado lo relevante que es definir y difundir, por los canales adecuados, los estilos de comportamiento y/o desempeño que deben tener los colaboradores de tu negocio, principalmente de aquellas personas que detentan puestos de influencia en los procesos más estratégicos.
Ejemplo: ¿qué hábito es clave para un tomador de decisiones a nivel operativo? Confirmar instrucciones, tener escucha activa, verificación y seguimiento de desempeños, por decir algunos. Estos hábitos no son los mismos para el nivel gerencial o directivo, pues las relaciones son (o deben ser) de carácter intelectual, y no de las actividades que realizan.
Pero (y siempre hay un pero), en muchas ocasiones no se trabaja, desde el ámbito del onboarding con los cursos de inducción, el catálogo de hábitos, sus implicaciones, modo de implementación, y sobre todo, formas aceptadas de testimoniar.
Este catálogo debiera formar parte de los criterios de selección y reclutamiento, y entregados por escrito a cada persona, con recomendaciones puntuales de qué hacer para mejorar, o construir los que le falten. ¿Recuerdas que en el kínder les engrapan, en las camisas de los chiquillos, los recados para los papás? Haz de cuenta.
El cadillo del asunto (y siempre hay un cadillo… o dos) es que ésta debe ser una directriz de presidencia, alta gerencia o consejo directivo, ¡pero ni siquiera lo tienen en su radar! Así es difícil gestionar la cultura.
Así como antes te sugerí que trabajaras sobre los pilares de la cultura organizacional, ahora te exhorto a que, antes de planear cursos de todo y nada, te eches un buen clavado en la identificación, estructuración y plan de formación en los hábitos estratégicos de tu empresa.
Ahora, que si tú eres un colaborador de nivel medio o alto, te sugiero que, así como no quiere la cosa, preguntes en RRHH cuáles son los hábitos que deberías estar testimoniando. Ya verás cómo se les pone la cara de colores.
Mi Bro es un caso perdido. Empeñoso, sí, pero negado a seguir instrucciones. Te cuento esto con la esperanza de que tú (en tu trabajo o empresa) aspiren al crecimiento sólido y estructurado, con buenos hábitos, y no a lo wey, como Gerardo.
¿Platicamos?