Gestión alineada: elementos que propician la eficiencia (y la paz mental)

Tamaulipas /
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“La consistencia de una organización no depende de arranques heroicos de motivación, sino de la infraestructura de procesos y hábitos diarios que posee la alta dirección”. —James Clear, autor de Hábitos Atómicos.

¿Desde dónde estás abordando tus asuntos o proyectos? ¿Cuál es tu ánimo dominante? ¿Sientes estrés o emoción? Estas son algunas de las preguntas que empecé a trabajar con un consultante, con quien acabo de iniciar sesiones de coaching de desarrollo profesional, justamente sobre sus procesos de gestión.

Es que, seamos sinceros, si a veces dirigir la carreta es complicado, tener que jalarla o empujarla es desgastante. Y cuando no contamos con suficientes elementos de “gestión sana”, el asunto se vuelve hasta enfermizo.

Por eso es importante saber qué traes en el morral cuando te enfrentas a situaciones exigentes: experiencia, información, visión clara… Todo esto debe ayudarte a definir la ruta por la dirigirás el esfuerzo (personal o de equipo) para atender el tema en cuestión.

En mi experiencia, ese nivel de paz mental se alcanza cuando están presentes dos elementos importantes en la ecuación: certeza y claridad, pero ¡spoiler!

Eso surge internamente, como consecuencia de seguir ciertas metodologías de administración, también llamadas sistemas de organización, y requiere de insumos precisos para usarlas; si no, se hace más grande el cochinero.

El primero de esos insumos es metas claras. ¿Lo solicitado es congruente y está en relación con las condiciones presentes? ¿O es un sueño guajiro, salido de la mente de un alto mando luego de una trasnochada? Es que, de veras, de que los hay, los hay.

Segundo insumo: recursos disponibles. ¿Hay con qué trabajar para alcanzar lo solicitado? ¿O estaremos sacando el jale con lo que vaya cayendo (desde quién sabe dónde)? Aplicar el “Dios proveerá” no suele ser una de las mejores prácticas empresariales, la verdad. Si a esas vamos, viene mejor el “a Dios rogando y con el mazo dando”, digo yo.

Tercero y último: planeación. ¿Hay un documento que nos dé claridad de para qué sirve lo que estamos trabajando? ¿Está relacionado con algo mayor o es un “chispazo creativo” de alguien (ya sabes quién) que nos metió en algo “nada que ver”, namás por los suyos? No requiero explicarlo más, ¿o sí?

En las intervenciones de coaching trabajamos en reconocer los síntomas, clarificar las causas y desatar los nudos (los que se puedan, tampoco se hacen milagros). Hasta cierto punto eso es sencillo. El tema viene cuando se requiere cambiar hábitos de comportamiento y de pensamiento.

Ahí sí, para que veas, además de los insumos mencionados, vas a requerir bastante omeprazol, porque los corajes van a estar de a peso.

Entonces, ¿platicamos?


  • Chucho Meza
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