Un ejercicio inédito. Todo el gabinete bajo el reflector. A rendir cuentas. Un balance de cuatro años.
A su llegada, primero había que recuperar la capacidad institucional del gobierno, recordó Américo Villarreal Anaya. “Recuperamos el rumbo”, afirmó.
“No llegamos para impulsar cambios cosméticos”, dijo el gobernador.
Presumió que se tienen los menores índices delictivos, pero “en seguridad nunca caben triunfalismos”, reconoció.
Tamaulipas redujo en más de mil millones de pesos su deuda.
Si hay un indicador que el gobierno coloca en el centro de su narrativa social es el de la pobreza. Entre 2022 y 2025 pasó de 26.8% a 20.2%. 242 mil 200 personas dejaron esa condición.
El otro lado de la ecuación es el crecimiento económico. En el primer trimestre de 2026 la economía estatal creció 5.2% y fue el segundo mejor desempeño del país.
En cuatro años se han destinado más de 24 mil millones de pesos a obra pública.
En salud reportó inversiones superiores a 4 mil 300 millones de pesos en infraestructura hospitalaria.
“Detrás de cada cifra hay una vida”, dijo Américo, médico cardiólogo.
El cuarto aniversario también sirvió para dejar claro que Tamaulipas juega políticamente dentro de un proyecto nacional.
El gobernador destacó el respaldo de la Presidenta Claudia Sheinbaum.
La agenda lo refleja, dijo: Ferrocarriles, el Corredor del Golfo, cruces internacionales, tecnificación de distritos de riego, infraestructura hospitalaria, vivienda y programas sociales.
La planta potabilizadora y la Segunda Línea del Acueducto de Victoria, el Puerto Interior y el Puente Magueyes, la siguiente etapa del Puerto del Norte, el desarrollo industrial de Altamira, la ampliación de cruces fronterizos y la carretera Golfo Norte aparecen entre los proyectos que marcarán la agenda de los próximos años.
Para todo gobierno, al cuarto año, el discurso se debe alejar de la herencia recibida y la evaluación pública recaer sobre sus propios resultados.
“La mirada en este cuarto aniversario es hacia adelante… hacia lo que todavía falta por hacer”, remarcó AVA.
Viene la parte más difícil: consolidar resultados y mostrar que la transformación es más que una narrativa política.
El balance deja de ser solo una cuenta de lo realizado. También empieza a ser una cuenta regresiva.