¿Adelantados en Morena o vulgares ambiciosos? II

  • Agora
  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

Laguna /

En mi pasada colaboración reflexioné sobre los adelantados y el riesgo de inclinarse por quienes hacen más ruido, manipulan encuestas, presionan y ejercen chantaje sin ética, sin vida pública congruente y sin estar emparejados con los postulados de la cuarta transformación.

En ese sentido, aparecen los neomorenos: conversos oportunistas que llegan con puritanismo sobreactuado, como si hubieran nacido en la insurgencia moral, aunque ayer aplaudían otro régimen y despotricaban contra el movimiento encabezado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.

Cambiaron de piel como las víboras, pero su esencia es la misma: oportunistas y ambiciosos, siempre listos para vender su capital político al mejor postor. 

Hoy muchos de ellos ya andan coqueteando con Movimiento Ciudadano después de haber pasado, sin pudor y sin pausa por el PAN, PRI, PRD, PT y Verde. 

Y esa prostitución política casi siempre trae su proxeneta: el operador que los alienta, que les lava la biografía y les abre la puerta por rentabilidad.

Ese tipo de personajes no solo compite: infecta. Trae la política del trámite, del favor y de la obediencia, pero la recubre con lenguaje de causa. 

Es el oportunista que se acomoda en el discurso como se acomoda en el presupuesto: habla de pueblo para justificar una cuota, de transformación para exigir un lugar y de principios doblando las reglas.

Aristóteles lo miraría con lupa: cuando el deseo de mando rompe la medida, nace la desmesura, el hybris. 

Es la locura por el poder que ciega la prudencia y aplasta el bien común. 

Y la desmesura no solo mancha procesos: los descompone, los vuelve tribales, los vuelve injustos, porque ya no se trata de servir, sino de imponerse. El acceso al poder los vuelve estúpidos e intolerantes.

La pregunta, entonces a los dirigentes de Morena:

¿Qué harán frente a este adelanto descontrolado?

Seguir tolerándolo es permitir que la fila de las tortillas sustituya al método; es admitir que el empujón valga más que el mérito; es normalizar que la ambición grite más fuerte que la ética. 

Cuando la ética se hace pequeña, el cinismo crece y se vuelve forma de gobierno donde habrá que sancionar esas campañas anticipadas de muchos políticos en varios estados.

A esto se suma un vicio que se ha descontrolado: mediciones sin rigor que se venden como verdad. Encuestitas que no miden preferencia, miden apoyos deliberados para imponer nombres antes de que existan reglas. 

Es propaganda disfrazada de ciencia, y con frecuencia se convierte en chantaje: “Vamos arriba, ya está decidido, es irreversible”. No hay árbitro, no hay decencia.

Urgen reglas antes que nombres; método antes que propaganda; proyecto antes que parcelas; biografía ética y pública antes que apellido, herencia o grilla. 

No robar, no mentir, no traicionar: no como lema, sino como filtro real donde los grupos delincuenciales ni por curiosidad asomen la cabeza. La política en México necesita una purga…

Quien no puede esperar, difícilmente gobernará con templanza. 

Quien necesita adelantarse suele temer al método, y quien compra mediciones casi nunca llega para servir: llega para cobrarse y quien paga para llegar, llega para robar.

El tiempo pasa y es necesario sanar el ambiente antes de que sea demasiado tarde. 

Si el tiempo se desordena, la fila no la decide el pueblo: la decide el que empuja más fuerte y el que maneja interesas y negocios. 

Y cuando empuja más fuerte el ambicioso, el movimiento paga el costo.

Morena necesita blindar sus procesos, de lo contrario lo que hemos avanzado corre la suerte de la descomposición y de estar secuestrados por los vulgares ambiciosos…


@cuatecarmona

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