El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, tiene una de las pruebas más importantes de su gestión como autoridad de la máxima casa de estudios del país:
Repetir una prueba que antes nadie puso verdaderamente a prueba.
Ironías de la vida universitaria: una prueba diseñada para evaluar a miles de aspirantes terminó poniendo a prueba a la propia Universidad y, por supuesto, a su rector que removió sin dilación alguna a su mano derecha en la conducción política buscando quizás responsables.
Habría que recordarle al Rector que una prueba que pretende medir algo, en este caso conocimientos tiene que demostrar que mide y cómo lo mide.
Debe probarse, calibrarse, someterse a escenarios críticos y hasta intentar vulnerarse antes de su aplicación.
La prueba para el rector será también asumir que una crisis institucional no desaparece encontrando un chivo expiatorio.
La salida de una funcionaria puede resolver una responsabilidad administrativa o política, pero no responde las preguntas sustantivas:
¿Qué falló?, ¿quién evaluó al evaluador?, ¿quién supervisó la tecnología?, ¿qué controles existían y por qué resultaron insuficientes?
Y ya que hablamos de formas, la UNAM tiene otra prueba pendiente.
La deuda histórica difícil de conciliar con su discurso contemporáneo de inclusión y equidad: nunca una mujer ha ocupado la Rectoría.
Después de tantos años de varones al frente, la pregunta resulta pertinente: ¿no será tiempo de una rectora? Pero ésa, ésa es otra prueba motivo de otra reflexión.
La más importante para el Doctor Leonardo Lomelí comienza ahora.
Desde la filosofía de la educación, las crisis no solamente exigen respuestas: obligan a formular las preguntas trascendentes.
Y si existe en México una plataforma académica desde donde esas preguntas deben hacerse, ésa es precisamente está en la UNAM.
¿Qué significa aprender en tiempos de inteligencia artificial? ¿Qué debemos evaluar: memoria, información, respuestas correctas, comprensión, juicio o pensamiento crítico?
¿Puede seguir siendo la evaluación prácticamente la misma cuando una máquina produce en segundos aquello que antes considerábamos evidencia del conocimiento?
Y todavía más: ¿qué distingue a la inteligencia humana de aquello que una máquina consigue imitar?
Ésa debería ser la gran prueba del rector: convocar desde la UNAM a un debate nacional sobre inteligencia artificial, educación y condición humana.
El especialista en política educativa Eduardo Andere lo sintetiza provocadoramente en su libro: “Monstruo o prodigio. Cómo la IA está transformando la escuela, el trabajo y la vida”.
No sabemos todavía hasta dónde llegará el monstruo ni cuánto nos dará el prodigio. Lo que sí sabemos es que la irrupción tecnológica nos ha rebasado y continúa sorprendiéndonos día con día.
La academia ya está planteando estas preguntas. La Revista de la Asociación de Profesores e Investigadores de la Universidad Iberoamericana ha abordado el tema de la IA desde perspectivas filosóficas, educativas, éticas y sociales.
Una de sus reflexiones sostiene que una máquina puede simular procesos cognitivos sin que ello equivalga necesariamente a comprensión de esencias, intencionalidad o verdad.
El documento se puede consultar en internet y vale mucho la pena leer.
Y ahí la discusión abandona la simple tecnología para entrar de lleno en la antropología filosófica.
Porque detrás de la IA aparece inevitablemente el transhumanismo y una pregunta todavía más inquietante: ¿seguirá la tecnología al servicio del hombre o terminaremos redefiniendo al hombre desde las posibilidades de la tecnología?
No confundamos información con conocimiento, procesamiento con pensamiento, ni simulación de inteligencia con la razón humana.
La máquina podrá respondernos cada vez más cosas. Precisamente por eso, a la Universidad le corresponderá enseñarnos a preguntar mejor.
Y en mi alma mater, la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), en ¿qué estarán pensando?
El Rector puede administrar esta crisis, repetir el examen y esperar a que el escándalo desaparezca.
O puede aprovecharla para colocar a la Universidad Nacional al frente de una discusión que tarde o temprano tendremos que enfrentar pudiendo ser ejemplo para el mundo y especialmente en Iberoamérica sobre la IA.
Ésa es la verdadera prueba para el rector de la UNAM.
Porque esta vez no solamente volverán a estar a prueba los aspirantes.
Está a prueba el rector. Está a prueba la UNAM. Y quizá también esté a prueba nuestra propia idea de inteligencia cuando estamos dejando de pensar y preguntarnos por la trascendencia de la vida y del mundo donde vivimos, a pesar de casas de famosos y otras idioteces…
@cuatecarmona