La carabina de Ambrosio y la coalición Morena-PT en Coahuila

  • Agora
  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

Laguna /

En política, la foto no es el hecho. El hecho es lo que pasa cuando se apagan los celulares y empieza la política de verdad: la de territorio, la de calle, la que se gana sin reflectores. 

Por ahí va el reclamo que la presidenta Sheinbaum ha repetido una y otra vez: menos grilla y más trabajo en territorio. 

Se los dijo este fin de semana a diputados en San Quintín, Baja California.

Y por eso me acordé de la carabina de Ambrosio. Un artefacto que se presumía como arma, se paseaba con aplomo, se mostraba con gallardía… y a la hora de la hora no disparaba. Solo servía para lucirse.

En ese sentido recordé un programa cómico/-musical cuando la televisión mexicana sólo tenía 4 canales: La carabina de Ambrosio. 

Una feria de personajes y ocurrencias: Alejandro Suárez, Beto el Boticario, Chabelo, la Pájara Peggy y, por supuesto, Gina Montes que aparecía con ese baile que la televisión de entonces convertía en acontecimiento. 

Una carabina inofensiva que solo provocaba risas.

En días pasados se formalizó la coalición entre Morena y el Partido del Trabajo para las elecciones locales de 2026 en Coahuila, justo donde el dinosaurio del PRI se niega a morir. 

Morena se ha topado con lo más mañoso y sagaz que puede ser el priismo coahuilense: esa escuela que dejaron los Moreira y Riquelme, con su estela de acusaciones, excesos y nepotismos. 

¿Y el Metrobus en Torreón?

Ahora la pregunta -la que importa- no es si la coalición está fuerte. 

La pregunta es si va a disparar en serio o si es un aparato que solo provoca risa a quienes todavía traemos tres dedos de frente. 

En la Comarca Lagunera, por ejemplo, se percibe débil y fracturada. Torreón es solo un municipio y eso, quizás, merece otro texto como el PAN engaña a su militancia y opera a favor del PRI.

Porque Coahuila no es plaza para ingenuos. Ahí el poder local ha sabido hacer lo que casi siempre funciona: dividir al adversario, cansarlo, confundirlo, fracturarlo, comprarlo y empujarlo a pelear por dentro. 

Divide y vencerás: viejo como Matusalén, vigente como si lo hubieran firmado ayer.

Morena -hay que decirlo- no ha podido penetrar del todo en el cinturón norteño. 

Nuevo León, Coahuila, Durango y Chihuahua son estados con élites y códigos propios. Ahí el discurso nacional puede entusiasmar, sí, pero no sustituye la estructura.

En ese contexto, que Morena y el PT vayan juntos puede ser un movimiento serio. Pero hay un detalle que no es menor: el Verde se ausentó. 

Y cuando falta alguien en una alianza casi nunca es casualidad. ¿Cálculo o fricción? 

En cualquiera de los dos casos, la conclusión es la misma: la unidad no se proclama, se ejecuta.

El PRI sigue vivo donde sigue funcionando. Organiza, mueve, presiona, premia, castiga y compra. El PRI lo ha usado siempre y el poder local lo entiende. 

Si el rival no lo enfrenta con oficio, lo enfrentará con sorpresa. Y la sorpresa, en política, suele llamarse derrota.

Así que, sin rodeos: esta coalición es una oportunidad para que Morena deje de jugar a ver si pega en el norte y, en particular, en Coahuila. 

O también puede ser una carabina de Ambrosio mientras los prianistas trabajan callados buscando ganar a toda cosa. “Haiga sido como haiga sido”.

En Coahuila, la política no perdona la ingenuidad. Y tampoco premia el espectáculo: premia el método. Al final, el dilema es sencillo: o disparan con oficio… o terminamos siendo comedia. 

Y cuando la política se vuelve comedia, no te derrotan: te rebasan, te exhiben. 

Porque ya saben que, del otro lado, disparamos con carabinas, como la de Ambrosio.


@CUAUHTECARMONA

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