SIMAS, SIDEAPA y el agua en La Laguna

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  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

Laguna /
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La isla de La Española se parece mucho a la Comarca Lagunera. Me refiero a ese pedazo de tierra que comparten República Dominicana y Haití, separados por una frontera. 

Algo similar ocurre con Torreón, Gómez Palacio y Lerdo: no nos divide un cerco migratorio, sino un puente que cruza el lecho del río Nazas.

Del lado de Coahuila hay bonanza, desarrollo y crecimiento; del lado de Durango, todo lo contrario. 

Pero esas, esas son otras historias que hacen preguntarme como lagunero de Durango. ¿Qué nos pasó?

Hay, sin embargo, un problema que compartimos por igual: el mal manejo del agua y de sus organismos operadores. 

Ya sea por administradores incapaces o corruptos, por la ausencia de una política hídrica seria y de largo plazo, o por la costumbre de convertir los organismos en espacios para pagar cuotas políticas y compromisos de campaña. 

En el peor de los casos, las cajas chicas de políticos sin escrúpulos y carrera política.

Resulta curioso que municipios con desarrollo económico y crecimiento hayan logrado convertir el suministro de agua en un servicio público común y ordinario mientras que en La Laguna, el acceso al vital líquido continúa siendo motivo del discurso político. 

Después de más de 116 años de la Revolución Mexicana, cuesta entender que una región con semejante potencial siga arrastrando rezagos en un servicio tan elemental. ¡Por Dios!

Bastan tres ejemplos para dimensionar el desafío: Agua Saludable para La Laguna, el SIMAS Torreón y el SIDEAPA de Gómez Palacio.

Desde el Gobierno Federal y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), ha existido una política clara de intervención mediante el proyecto Agua Saludable para La Laguna. Sin embargo, la verdadera prueba comienza cuando se piden resultados. 

Y es ahí donde aparecen los viejos males: intereses políticos, falta de continuidad administrativa, parálisis burocrático, omisiones y la visión patrimonialista de los organismos del agua que deberían operar con criterios exclusivamente técnicos.

El caso de SIMAS Torreón es quizá el más representativo ahora con su cambio de director. 

 Un organismo que enfrenta adeudos superiores a los dos mil millones de pesos sin duda hay un desaseo mayúsculo. 

Pero los priistas están acostumbrados a eso, basta recordar la mega deuda de la entidad.

En Gómez Palacio el escenario es igual de complejo. La alcaldesa Betzabé Martínez se ha encontrado con un SIDEAPA que arrastra infraestructura deteriorada, rezagos operativos y la ausencia de una política institucional que trascienda los cambios de gobierno. 

Poner orden en un organismo de esa naturaleza exige mucho más que voluntad política; requiere planeación, continuidad y decisiones que privilegien el interés público.

Mientras los municipios a la vanguardia discuten inteligencia artificial, ciudades inteligentes y transhumanismo, en la laguna seguimos debatiendo cómo garantizar el acceso eficiente al agua.

El agua no reconoce fronteras ni colores partidistas. La cuenca es la misma y el estrés hídrico afecta a toda la región. 

Si algo nos enseña la analogía con La Española, es que los recursos naturales pueden ser compartidos, pero los resultados dependen de cómo se gobiernan, aunque en el tema de los problemas de los organismos de agua el problema como en casi todo México es el de la corrupción.

La Laguna no necesita más diagnósticos ni más discursos. Necesita organismos profesionales, transparentes y técnicamente sólidos. 

Porque, al final, la historia demuestra que la riqueza de un pueblo no depende del agua que posee, sino de la capacidad de sus gobernantes para administrarla. 

Y en eso, la Comarca Lagunera tiene sed.

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