Secuelas del Código Urbano

  • Sobre la mesa
  • Daniel González Romero

Ciudad de México /

Por razones de trabajo, y porque en ocasiones es bueno hacer un paréntesis, deje de escribir esta columna que por años ha sido publicada en este importante diario local y nacional; del que reconozco su consideración, tolerancia y apertura. Sin embargo, no obstante esperaba regresar a esta lid en fechas próximas, una reciente nota en un diario local acerca de mi posición respecto de la posible revisión y nuevos (sic) cambios al Código Urbano de Jalisco, ha motivado regresar antes (de lo previsto), para analizar lo que sucede en nuestras ciudades. Así, en esta ocasión, apunto –no podía ser de otro modo– hacia la desatinada nota, respecto de la cual sin darle vuelta cito a un destacado intelectual que expresó: “cuando la información se convierte en negocio, la verdad deja de ser importante”.

Durante la legislatura pasada se me invito a colaborar con la Comisión de Desarrollo Urbano que presidió el Diputado José Trinidad Padilla López (con quien además desde hace años mantengo una vinculación académica universitaria y de amistad personal). Fui invitado a participar en la revisión y cambios posteriores que se le hicieron al mencionado Código, invitación que fue recibida en mi calidad de investigador y especialista en el tema urbano y regional y además como presidente de la Sociedad Mexicana de Estudios de la Ciudad, del Territorio y la Sustentabilidad, miembro del SNI y de la Academia Mexicana de Ciencias. No fui el único participante en tan complejo tema en el que se mezclan intereses sociales muy amplios, implícitos en la construcción de la ciudad y sus cualidades, y a los que se ligan sectores de interés directos muy particulares. Para tal causa se realizaron un buen número de reuniones y actividades en las que se interesaron activamente representantes de instancias profesionales, políticas, económicas y de la sociedad civil, por decirlo con brevedad. Dado el interés del asunto la participación fue amplia, incluida la de quienes ahora se sienten agraviados. “Tiempos veredes”, diría Don Quijote.

Sin embargo, como en todo lo que significan los negocios inmobiliarios que han prevalecido en la producción urbana de Guadalajara y Jalisco desde hace más de tres décadas (y han llevado al caos territorial y funcional a la ciudad), los cambios a los que los inconformes apuntan que les afectan y reducen sus “ganancias”, con aquello de las áreas de donación, no es, al caso, sino la disculpa para forzar al Congreso dar marcha atrás en los beneficios sociales más extensos de las modificaciones aprobadas, ya que tales cambios son un avance esencial para intentar encontrar nuevas u otras vías que pongan algunos límites a la voracidad del sector inmobiliario enriquecido con la especulación que han provocado, se ha permitido y de la que se han servido. Sumada públicamente la declarada utilización de las “bondades” del TAE. En la ZMG, la desigualdad, la contaminación y la exclusión, se han entretejido con la ambición de quienes han utilizado el territorio y lo urbano para acumular beneficios y riqueza. Lo que se ha discutido recientemente en París en la CUP 21 sobre cambio climático, envuelve mucho más que palabras y hoy faltan mucho cambios más por hacer. Pero por si hay dudas, antes de revertir los cambios al Código Urbano, quizás sería interesante ventilar públicamente aquello que es motivo de inconformidad, y como impedir se siga especulando sin medida con lo urbano y las ciudades (lo que se ha dado sin reparo). O, ¿acaso lo que quiere es seguir en lo mismo de antes?

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