¿En qué momento Guadalajara entró en "Nuevo Orden"?

Jalisco /
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Hay películas que se quedan en la pantalla y otras que, de pronto, parecen salir de ella para instalarse en la realidad. La polémica cinta "Nuevo orden" (2020), de Michel Franco, pertenece a esa segunda categoría. No porque Guadalajara se haya convertido literalmente en la distopía que plantea el cineasta mexicano, sino porque lo ocurrido el domingo 11 de octubre, durante la marcha por la crisis del agua, nos obliga a preguntarnos: ¿en qué momento una ciudad que exige agua limpia termina envuelta en escenas de confrontación?

En la película, la desigualdad, el resentimiento social y la violencia abren la puerta a un régimen que promete restablecer el orden. En Guadalajara no necesitamos imaginar una revolución para encontrar una comparación incómoda. Basta mirar lo ocurrido frente a Casa Jalisco y preguntarnos cómo una demanda ciudadana terminó desplazada, al menos por momentos, por las imágenes de los enfrentamientos.

La protesta no nació de una disputa por el poder, sino de algo elemental: abrir la llave y tener la certeza de que el agua sirve para las actividades cotidianas sin temor a su calidad. La turbiedad, los malos olores y la desconfianza llevan meses acumulando inconformidad en distintas colonias de la Zona Metropolitana. El domingo, ese malestar salió a las calles.

Manifestarse es un derecho fundamental, pero también implica una responsabilidad colectiva. La protesta debe mantenerse siempre por vías pacíficas, sin agresiones ni actos que pongan en riesgo a otras personas. La violencia no fortalece una exigencia ciudadana; puede desdibujarla y terminar desplazando el problema que le dio origen.

Del mismo modo, la actuación policial debe conducirse con legalidad, proporcionalidad y respeto a los derechos humanos. Preservar la seguridad no está peleado con garantizar la libertad de expresión y de reunión. Si hubo conductas indebidas, corresponde investigarlas con pruebas, sin generalizaciones ni juicios anticipados.

¿En qué momento el problema que debía resolverse en las tuberías terminó convertido en un conflicto de orden público?

La pregunta importa porque el agua sigue siendo el asunto de fondo. Ninguna discusión sobre los incidentes del domingo debería borrar la obligación de las autoridades de garantizar un servicio de calidad, explicar qué está ocurriendo y ofrecer soluciones verificables.

En "Nuevo orden", el caos se convierte en una oportunidad para que el poder amplíe su control. La película plantea una paradoja inquietante: en nombre de recuperar la estabilidad, una sociedad puede terminar perdiendo libertades y garantías.

Guadalajara no es esa película, y conviene no confundir la ficción con los hechos. Pero sí podemos utilizarla como espejo para reflexionar sobre una ciudad donde la inconformidad crece cuando las respuestas institucionales no son suficientes y donde una protesta puede perder su objetivo entre consignas, confrontaciones y versiones encontradas.

La salida no está en criminalizar a quienes se manifiestan ni en justificar cualquier conducta en nombre de la inconformidad. Está en defender una protesta pacífica, exigir responsabilidad a todos los involucrados y mantener la atención sobre el problema que originó la movilización.

Porque mientras discutimos lo que ocurrió frente a Casa Jalisco, las familias siguen esperando respuestas sobre el agua que llega a sus hogares.

En el cine, los créditos anuncian el final. En Guadalajara, al día siguiente hay que volver a casa, abrir la llave y confiar en que el problema se resolverá.

Tal vez la pregunta no sea si nuestra ciudad entró en "Nuevo orden", sino qué estamos haciendo para evitar que la desconfianza, la confrontación y la falta de soluciones se conviertan en la nueva normalidad.

El verdadero orden no consiste solamente en mantener despejadas las calles. Consiste en garantizar servicios públicos, escuchar a la ciudadanía y permitir que las diferencias se expresen pacíficamente, sin violencia y con respeto a los derechos de todos.

Porque el domingo se marchó por agua. Y esa exigencia no debería perderse entre las imágenes de la confrontación.


  • Daniela Nuño
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