Así las cosas en esta semana querido lector, la decisión de la SEP de adelantar el fin del ciclo escolar para el 5 de junio, cuando el calendario original marcaba el 15 de julio, no es cosa menor, son 39 días menos de actividad escolar para millones de estudiantes, en un país como el nuestro donde cada día frente a aula cuenta y la perdida de clases constante evidencia el rezago que tenemos a nivel internacional.
¿El pretexto? La ola de calor a nivel nacional y por supuesto el más obvio: el Mundial de futbol, una razón más que cuestionable ante la realidad que vivimos, una realidad que impactará a más de 30 millones de alumnos, al parecer el balón pesa más que un libro escolar. Y es que el problema no es en si las vacaciones, el problema es la normalización de recortar el tiempo escolar en un sistema que tiene rezagos profundos, por mas que la SEP diga que habrá dos semanas de reforzamiento antes de regresar, para que entren “bien”, todos sabemos que eso no es mas que una vacilada pedagógica que busca maquillar la pérdida de conocimientos que tendrán.
Para Hidalgo, la decisión es aún de impacto más severo, y es que no todos los hogares tienen las condiciones para absorber un mes adicional con hijos fuera de la escuela, en lugares donde ambos padres trabajan y no hay con quien dejarlos. La escuela no solo da conocimientos, tambien da orden a la vida del estudiante, les genera rutinas, alimenta expectativas, desarrolla civismo y ofrece un mínimo piso de igualdad. A menos clases, más brecha social, nos guste o no.
Los datos oficiales no mienten, nuestro Estado todavía enfrenta retos de cobertura y permanencia, en preescolar se cubre el 64% de la población infantil, para primaria se maneja hasta un 99% es decir, el sistema es casi universal en primaria pero arrastra pendientes en los primeros años, justo donde los niños construyen lenguaje, capacidad de socializar y los tan necesarios hábitos de aprendizaje.
Por eso, este adelanto de vacaciones por el supuesto riesgo del calor, que no es más que la venida del Mundial nos está rebelando que el problema no está en las escuelas, sino en una planeación pública que acomoda la educación al ritmo de un partido de futbol.
La verdadera queja no debe ser porque están saliendo antes de vacaciones nuestros hijos, sino el cuestionamiento directo a nuestras autoridades de porqué están poniendo la calidad educativa en esta pausa.