Con el campeón hasta que muera

Puebla /
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Hay playeras que pesan. Hay escudos que parecen inmunes a la derrota. Hay equipos a los que no basta con vencer; tienes que derrotarlos una y otra vez, rematarlos, despedazarlos, reducirlos a cenizas y lanzarlos al fondo del océano... porque, de alguna manera, siempre encuentran la forma de volver. Y cuando crees que por fin desaparecieron, resurgen para ganarte el partido.

El Argentina-Egipto de los octavos de final fue un juegazo. Un partido de esos que justifican por sí solos una Copa del Mundo. Y también fue otro capítulo de una historia que ya conocemos de memoria: cuando gana Argentina, para muchos nunca gana Argentina. Gana el árbitro, gana la FIFA, gana una conspiración, gana cualquier cosa menos el futbol. La revisión de las jugadas fue correcta y las decisiones arbitrales estuvieron bien tomadas. Pero es mucho más sencillo alimentar la polémica que aceptar que existe un equipo con una mentalidad ganadora avasallante.

La viralidad premia la exageración. Se prefiere convertir una jugada revisada correctamente en una teoría de la conspiración antes que reconocer la capacidad competitiva de un futbolista irrepetible como Messi y de una selección que jamás deja de creer como la Argentina. El problema nunca ha sido el arbitraje; el problema es aceptar la grandeza del rival.

Una selección nunca dará el siguiente paso mientras su primera reacción después de perder sea buscar culpables en lugar de corregir sus errores. Egipto fue un equipo ordenado, efectivo y peligrosísimo al contragolpe. Hizo muchísimo daño y estuvo cerca de la hombrada. Empero, no supo cerrar el encuentro. Argentina, en cambio, insistió una y otra vez, atacó por todos los caminos y terminó encontrando el premio a su perseverancia.

Las teorías conspirativas aparecen siempre alrededor de los grandes campeones. Los ganadores incomodan, generan sospechas y provocan una necesidad permanente de minimizar sus triunfos.

Los Patriotas en la NFL, el Madrid o el Barcelona en España, el América en México... Argentina en los Mundiales.Los poderosos siempre despiertan estas bajas pasiones en sus damnificados: los acomplejados y vencidos.

El cuadro de los cuartos de final del Mundial quedó simplemente espectacular. Al final de cuentas, damas y caballeros, el statu quo del futbol termina imponiendo su ley. Esos lugares reservados para la crema de la crema, para la auténtica élite del balompié, casi siempre terminan ocupados por los mismos. Cambian los protagonistas secundarios, aparecen sorpresas de vez en cuando, pero los gigantes siempre encuentran el camino.

Ahora la historia está servida. Es Argentina contra la UEFA luego de la eliminación de Marruecos a manos de Francia en el primer partido de los cuartos de final.

Por momentos la albiceleste parece invencible. Es un equipo que tienes que matar diez veces para poder eliminarlo. Los argentinos tienen esa mística que durante décadas distinguió a Alemania: jamás dejan de competir, jamás dejan de creer y jamás aceptan la derrota mientras quede un segundo en el reloj.


  • David Badillo
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