¿Reforma constitucional?

Laguna /

El domingo 8 de febrero, la ciudadanía de Tailandia votará para renovar el parlamento y, al mismo tiempo, decidir si se abre el proceso para redactar una nueva constitución. 

Para la ciudadanía, el dilema no es técnico sino político, ¿una nueva carta magna ampliará la democracia o facilitará un retroceso?

La duda nace de la experiencia internacional, ya que a la historia global le sobran ejemplos de constituciones reescritas y promesas de estabilidad que no siempre llegaron acompañadas de más derechos. 

¿Autorizar una nueva constitución aumenta o reduce las posibilidades de control democrático al poder?

Tailandia, como muchos países, ha tenido múltiples constituciones; cambiar el texto no garantiza por sí mismo cambios en la práctica en ninguna parte del mundo. 

En el contexto global, suele afirmarse que una nueva constitución es sinónimo de más democracia. 

Lo que resulta claramente un eufemismo porque se confunde el instrumento con el resultado.

El diseño del proceso (quién redacta, cómo se elige, qué límites tiene) es el que determina realmente el alcance democrático.

“No cambiar para evitar riesgos”, es uno de los argumentos clásicos en este escenario, y suele ser utilizado por quien tiene interés en preservar arreglos que concentran poder y que dan beneficios específicos. 

“El momento es inadecuado”, otro eufemismo que pospone indefinidamente la deliberación pública.

En cualquier parte del mundo, votar no a una nueva constitución reduce la incertidumbre inmediata; evita abrir un proceso capturable, y al mismo tiempo, consolida reglas que ya limitan la representación y se pierde una ventana de reforma.

Votar a favor abre el proceso constitucional con exigencias democráticas claras (asamblea elegida, transparencia, referendo final, etc), pero depende de que las condiciones se cumplan y se requiere vigilancia ciudadana sostenida. 

No es verdad que votar a favor con optimismo festivo.

¿Hay algún camino entre estar a favor y estar en contra? Casi siempre lo hay. Siempre son caminos más complejos y exigen mucha creatividad democrática.

Decidir con criterios y no con consignas fortalece la vida pública porque traslada la discusión sobre “texto constitucional” al “proceso democrático”. 

La democracia no se decreta, se diseña, se construye y se vigila. 

Cuando la ciudadanía convierte una duda razonable en condiciones verificables, mejora la calidad de las decisiones colectivas y reduce el margen para retrocesos en materia de derechos.


@davidperezglobal

  • david pérez

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