Yo acuso

Laguna /

Hay momentos en los que la verdad no necesita más pruebas, sino más valentía. 

Momentos en los que saber lo que ocurre, y saber que es injusto, no sirve de nada si no estamos dispuestos a pagar el precio de decirlo en voz alta. 

El problema no es la ignorancia; el problema es la comodidad.

El 13 de enero 1898, Émile Zola publicó una reflexión, que en unos días cumplirá 128 años, en la que denunció algo que hoy sigue resonando, que la neutralidad frente a la injusticia no es prudencia, es complicidad.

Cuando publicó J’Accuse…! en el diario L’Aurore no aportó una opinión más al debate público; realizó un acto ético. 

Señaló responsables, denunció mecanismos de poder y asumió las consecuencias. 

No habló “en general”, habló con nombres propios. No pidió diálogo, exigió verdad.

Zola sabía que decir la verdad no lo convertiría en héroe, sino en acusado. Y aun así escribió “La verdad está en marcha y nada la detendrá”.

Esa frase no es optimismo histórico; es una advertencia ética. La verdad avanza sólo cuando alguien la empuja. 

No camina sola. Requiere cuerpos, nombres, trayectorias que se arriesgan. Requiere personas dispuestas a perder prestigio, seguridad o pertenencia.

Esta escena plantea una pregunta incómoda y necesaria: ¿en qué momento de nuestra vida dejamos de confundir prudencia con cobardía? 

Muchas personas no viven engañadas; viven calladas. Saben dónde está la injusticia en su trabajo, en su familia, en su entorno social, pero han aprendido a gestionar el silencio como si fuera madurez.

Zola no era ingenuo. Sabía que las instituciones no aman la verdad, aman su estabilidad. 

Por eso denunciar no es un gesto ético abstracto, sino una ruptura concreta con los pactos de silencio que sostienen el poder. La verdad, cuando se dice, desordena. Y por eso incomoda tanto.

Hoy no vivimos el caso Dreyfus, pero sí sus herederos, sistemas que prefieren proteger su imagen antes que reparar el daño; discursos que hablan de valores mientras castigan a quien los toma en serio. 

En ese contexto, la pregunta no es si tenemos razón. 

La pregunta es qué estamos dispuestos a arriesgar para no traicionarnos.

Porque tener razón puede ser una ordinariez si solo sirve para tranquilizar la conciencia. 

Pero decir la verdad cuando cuesta es un camino diferente.


@davidperezglobal

  • david pérez

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