¿Uno de los actos más difíciles dentro de una pareja es reconocer que la relación ya no existe?
La película La Invitación (Netflix, 2026) trata sobre dos parejas.
Una vive su sexualidad fuera de las convenciones de la monogamia y parece haber encontrado una manera de relacionarse que les funciona.
La otra lleva años haciéndose daño.
Lo interesante llega cuando estos últimos dejan de preguntarse quién tiene la culpa y reconocen las decisiones que cada uno tomó para llegar hasta ahí.
Entonces aparece otra pregunta, si la relación que tenían ya terminó, ¿deben separarse o podrían comenzar otra relación?
Joe y Angela llevan tanto tiempo viviendo dentro de su conflicto que casi han convertido el deterioro de su matrimonio en una característica del otro, “tú eres así, tú nunca haces esto, contigo siempre pasa aquello” se dicen mutuamente.
Hay algo tranquilizador en esa manera de contar nuestra historia porque el problema es el otro y nosotros quedamos a salvo.
Pero una relación también es la historia de las decisiones que tomamos dentro de ella. Las conversaciones que pospusimos.
Las palabras que elegimos. Las veces que dejamos de escuchar. Aquello que toleramos cuando debimos poner un límite.
Reconocerlo no significa repartir la culpa por mitades.
Hay relaciones atravesadas por violencias y desigualdades que hacen absurda esa contabilidad. Responsabilizarnos significa algo diferente, es atrevernos a preguntar qué decisiones participaron en la construcción del lugar en el que hoy estamos.
Porque las relaciones no siempre terminan el día en que alguien hace una maleta. A veces terminan mucho antes.
¿Dos personas pueden terminar una relación y comenzar otra entre ellas?
Tendrán la misma historia, probablemente la misma casa, pero necesitarán tomar decisiones diferentes si no quieren reconstruir exactamente aquello que acaba de derrumbarse.
También pueden decidir que la siguiente relación será con alguien más. O consigo mismas.
Lo fundamental es la capacidad de mirar hacia atrás y preguntarnos qué decisiones nos trajeron hasta aquí.
Si tuviéramos la opción, ¿elegiríamos otra persona o elegiríamos relacionarnos de otra manera con la misma?
@davidperezglobal