¿De quién son sus secretos?

Laguna /
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Mis amigos saben que sus hijos adolescentes utilizan ChatGPT. 

Saben que le preguntan cosas de la escuela y, además, de problemas personales que quizá no hablan con nadie más.

Les preocupa que busquen consejos en una máquina. Algunos directamente revisan los teléfonos de sus hijos, algunos se sienten frente al dilema del derecho a la intimidad. 

¿Hasta dónde deberían vigilarlos?

Esta semana OpenAI presentó una versión de ChatGPT diseñada específicamente para adolescentes de entre 13 y 17 años. 

Incluye mayores restricciones ante contenidos relacionados con violencia, autolesiones o trastornos alimentarios, recordatorios para descansar y herramientas para que los padres establezcan determinados controles.

La empresa sostiene, además, que busca evitar que la IA fomente dependencia emocional y que se presente como sustituto de las relaciones humanas. 

Pero ninguna herramienta resuelve el dilema, porque la pregunta parece ser sobre tecnología cuando en realidad es sobre confianza.

John Stuart Mill defendía que existe una esfera de libertad individual en la que los demás no deberían intervenir simplemente porque creen saber qué nos conviene.

Evidentemente, un adolescente no posee la autonomía plena de un adulto. Los padres tienen responsabilidades que justifican ciertos límites. Sin embargo, proteger no significa tener derecho a conocer cada pensamiento.

Quizá convenga entonces cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse “¿cómo puedo saber qué le cuenta mi hijo a ChatGPT?”, pregúntese “¿por qué necesito saberlo?”.

Si existe un riesgo concreto para su integridad, intervenir puede estar justificado. 

Pero si lo que existe es solamente la incertidumbre por descubrir que su hijo posee una vida interior a la que usted no tiene acceso, vigilarlo podría resolver la ansiedad a costa de deteriorar precisamente aquello que quiere conservar, la confianza.

La paradoja es interesante. Los padres y tutores quieren que los adolescentes confíen en ellos, pero la confianza deja de ser confianza cuando exigimos comprobarla.

Su tarea como padres quizá no sea conseguir que su hijo deje de hablar con una máquina, sino procurar que sepa que también puede hablar con usted


@davidperezglobal

  • david pérez

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