Cada vez más me encuentro con la obsesión de personas que quieren eliminar aquello que nos hace ruido.
Queremos apagar la ansiedad, vencer el enojo, controlar los impulsos, silenciar la tristeza. La industria de la autoayuda ha construido un enorme mercado alrededor de esa fantasía.
Pero una existencia sin conflicto probablemente también sería una existencia sin aprendizaje.
No porque el sufrimiento tenga un valor en sí mismo, sino porque las preguntas importantes también aparecen cuando todo parece estar “mal”.
Por eso considero poderosa la metáfora budista que afirma que “quemando la leña surge el fuego de la sabiduría”.
Este principio es brillante porque no propone conservar la leña ni destruirla antes de tiempo.
La leña tiene una función particular, alimentar el fuego.
El deseo, la frustración, la culpa o el miedo dejan de ser enemigos cuando entendemos que también pueden convertirse en combustible para pensar mejor.
Hay personas convencidas de que su problema consiste en sentir demasiado.
Demasiado miedo para cambiar de trabajo, demasiado apego para terminar una relación, demasiada ambición para encontrar paz.
Sin embargo, ese “exceso” es una oportunidad valiosa para preguntar qué revela sobre nuestros valores, nuestras creencias y la vida que realmente queremos construir.
Los estoicos sostenían que el sufrimiento nace de nuestros juicios. Spinoza afirmaba que una pasión deja de dominarnos cuando comprendemos sus causas.
El budismo Mahayana añade un matiz, argumenta que aquello que hoy nos esclaviza también puede convertirse en el punto de partida de nuestra liberación.
Las tres tradiciones coinciden en algo fundamental. En que la transformación no ocurre negando nuestra condición humana, sino examinándola con honestidad y profundidad.
No toda leña produce el mismo fuego. Algunas experiencias consumen, otras iluminan.
La diferencia no está en el material con el que llega la vida, sino en si tenemos la posibilidad de trabajar con él. Por ejemplo, cuando dejamos de pedir una existencia sin incendios y aprendemos, poco a poco, a convertir el fuego en luz.
IG @davidperezglobal