Después de un ataque armado en una escuela suele venir la exigencia de aumentar la seguridad. Detectores de metales, revisiones, cámaras, mochilas transparentes.
Esta última medida tiene algo particularmente inquietante.
Cada mañana, un menor de edad debe enseñar lo que lleva consigo para demostrar que no representa una amenaza.
El Servicio Secreto de Estados Unidos y el Departamento de Educación estudiaron 37 ataques de violencia escolar dirigida.
Encontraron diferencias importantes en sus historias familiares, desempeño escolar y características personales.
Su conclusión fue que no existe un perfil preciso y útil del estudiante que cometerá un ataque.
Las investigaciones encontraron que antes de muchos ataques existieron comportamientos observables que preocuparon a otras personas, información conocida por compañeros o señales de planificación.
Por eso, los modelos actuales de evaluación de amenazas recomiendan mirar conductas y circunstancias concretas, no buscar estudiantes que se parezcan a nuestra imagen de una persona peligrosa.
Una opción es preguntar quién podría ser peligroso y eso convierte a todos en sospechosos.
La otra posibilidad es preguntar qué está ocurriendo, y hacerlo con la intención de intervenir cuando existen razones concretas para hacerlo.
Una mochila transparente puede tranquilizarnos porque hace visible la vigilancia.
Pero también transmite diariamente un mensaje a quien la lleva, antes de confiar en ti, necesito comprobar que eres inocente.
La discusión deja de ser sobre cómo queremos vivir juntos, y pasa a ser sobre cuánto control estamos dispuestos a aceptar para continuar viviendo juntos.
Cuando una política adquiere el carácter de inevitable, dejamos de imaginar alternativas.
Podemos proteger una escuela sin renunciar a la prevención. Escuchar a los estudiantes, escuchar al personal docente y administrativo, construir canales para comunicar una preocupación, identificar conductas de riesgo, intervenir antes de que escalen y evaluar amenazas reales.
El problema de las mochilas transparentes es que pueden hacernos creer que ya imaginamos una solución cuando apenas hicimos visible nuestro miedo.
@davidperezglobal