Prometer con el cuerpo

Laguna /
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Una enfermera de Alaska aceptó gestar el embrión de una pareja de California. 

En el contrato de gestación subrogada, McKenna West aceptó una cláusula que contemplaba interrumpir el embarazo ante determinadas anomalías fetales. 

A las 20 semanas, el feto fue diagnosticado con síndrome de corazón izquierdo hipoplásico. 

Los padres solicitaron inicialmente la interrupción. West cambió de opinión.

El caso terminó atravesando tribunales de California y Texas y llegó hasta la Suprema Corte estadounidense. 

Pero antes de las capas legales del caso particular, hay una pregunta más general, ¿puedo prometer hoy lo que hará mañana mi cuerpo?

Una promesa intenta hacer algo extraordinario, es decir, comprometer a nuestro yo futuro. 

Decimos “lo haré” aún sabiendo que, cuando llegue el momento, quizá sintamos miedo, pensemos distinto o deseemos otra cosa. 

Precisamente por eso las promesas importan. 

Si pudiéramos abandonarlas en cuanto dejan de convenirnos prometer no significaría demasiado.

Pero el cuerpo introduce una dimensión aún más compleja. Firmar que harás algo no significa necesariamente que, llegado el momento, alguien tenga derecho a obligarte a hacerlo. 

Un contrato puede generar obligaciones, responsabilidades e incluso consecuencias jurídicas, y aún así no convierte automáticamente el consentimiento pasado en consentimiento presente.

Eso tampoco vuelve irrelevante la palabra dada. Ahmed y Gilkar tomaron decisiones confiando en un acuerdo. 

Reconocer la autonomía de West no exige fingir que aquella promesa nunca existió ni que cambiar de decisión carece de consecuencias para otros.

Entre “prometí, por tanto debo hacerlo” y “es mi cuerpo, por tanto mi promesa no importa” existe un territorio ético mucho más complejo, podemos conservar el derecho a cambiar de opinión y, al mismo tiempo, tener que responder por aquello que otros hicieron confiando en nosotros.

Quizá algunas promesas no nos obliguen a cumplirlas a cualquier precio, pero sí nos obliguen a explicar por qué ya no podemos hacerlo. ¿Ofrecer las razones del cambio es suficiente?

¿Qué le debemos a los demás cuando nuestra conciencia ya no puede cumplir lo que nuestra palabra prometió?


@davidperezglobal

  • david pérez

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