Crecer con inversión

Ciudad de México /
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Mucho se ha hablado de la necesidad que tiene México de crecer más y más rápido. Sin una expansión sostenida será difícil seguir elevando los ingresos de las familias, generando empleos de calidad, financiando infraestructura y aprovechando plenamente el potencial económico del país. En ese contexto, la inversión extranjera directa adquiere una relevancia que va mucho más allá de las cifras anuales.

Los datos de 2025 ofrecen una señal alentadora. México recibió 41 mil millones de dólares de inversión extranjera directa, el mayor monto de su historia y 7.9 por ciento más que el año anterior, por encima del crecimiento promedio mundial. Con ello se ubicó como el décimo mayor receptor de inversión del planeta, confirmando que sigue siendo un destino atractivo para el capital productivo.

El dato resulta especialmente relevante porque llega en un entorno de elevada incertidumbre. La política industrial de Estados Unidos se ha endurecido, persisten las tensiones comerciales y la competencia geopolítica ha modificado muchas decisiones de inversión. Aun así, las empresas continúan apostando por México. La explicación no está únicamente en los costos de producción, sino en algo mucho más profundo: durante tres décadas el país se ha convertido en una pieza indispensable de las cadenas manufactureras de Norteamérica.

Esa integración regional constituye una ventaja difícil de replicar. La manufactura ha concentrado durante décadas buena parte de la inversión que llega al país y, tan solo en 2025, las nuevas inversiones crecieron 132.9 por ciento. No se trata sólo de reinversión de utilidades, sino de empresas que siguen ampliando su capacidad productiva para atender un mercado norteamericano cada vez más integrado.

Pero atraer capital no garantiza por sí mismo el desarrollo. La inversión extranjera genera plantas, empleos, exportaciones y recaudación, pero su impacto será mucho mayor cuando fortalezca las cadenas de proveeduría nacionales, impulse la innovación y eleve el contenido tecnológico de la producción. Ese es el verdadero salto que distingue a las economías que simplemente reciben inversión de aquellas que logran convertirla en mayor productividad y bienestar.

En ese sentido, iniciativas como el Plan México apuntan en la dirección correcta al fortalecer proveedores nacionales, elevar el contenido local de las exportaciones y ampliar la capacidad productiva. El desafío consiste en consolidar esa estrategia para que la integración regional no sólo siga atrayendo inversión, sino también genere más valor agregado para la economía mexicana. En un momento en que el crecimiento es una necesidad impostergable, la inversión extranjera representa mucho más que una fuente de financiamiento: es una oportunidad para acelerar el desarrollo del país.

Alfa positivo. El aumento anual de los precios al consumidor se moderó a 3.37 por ciento en junio, informó Inegi, por debajo del 3.5 previamente estimado por los analistas encuestados por Bloomberg y del 3.94 por ciento de mayo.


  • David Razú
  • Economista dedicado a temas de finanzas, inversiones y previsión social. Director General de Afore XXI Banorte.
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