Durante muchos años, hablar de las finanzas del IMSS era hablar de riesgos. El envejecimiento de la población, el crecimiento del gasto médico y el costo de las pensiones alimentaban el debate sobre la viabilidad de largo plazo del instituto. Esa preocupación era legítima. Sin embargo, el Informe al Ejecutivo Federal y al Congreso sobre la situación financiera y los riesgos del IMSS 2025-2026 permite contar una historia diferente: la de una institución que ha fortalecido sus finanzas al punto de poder destinarlas nuevamente a ampliar su capacidad de atención.
El contraste con la situación financiera en que se encontraba el instituto en 2018 es notable. En ese año, las reservas y fondos ascendían a cerca de 215 mil millones de pesos. Hoy superan los 600 mil millones a pesar de haberse atravesado, en ese periodo, la pandemia más grave de los últimos cien años. Además, esos recursos generan rendimientos financieros superiores a 40 mil millones de pesos al año. Detrás de esta evolución confluyen una mayor formalización del empleo, el crecimiento de los salarios y una administración financiera responsable.
La relevancia de ese fortalecimiento no está en las cifras por sí mismas, sino en lo que hoy hacen posible. Como cualquier aseguradora bien administrada, el IMSS debe equilibrar los ingresos presentes con obligaciones que se extenderán durante décadas. Eso implica constituir reservas, invertirlas con prudencia y transformar esa fortaleza financiera en mayor capacidad operativa.
Bajo esa lógica, el informe contempla una inversión física sin precedente de más de 56 mil millones de pesos durante 2025 y 2026 para eliminar rezagos de infraestructura médica. De hecho, como ha explicado Zoé Robledo, director general del instituto, durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum se busca construir y poner en operación 47 hospitales, varios de ellos con servicios de alta especialidad.
Más allá del caso del IMSS, el informe deja una enseñanza más amplia para las finanzas públicas. Con frecuencia, el debate nacional oscila entre dos extremos: gastar más de inmediato o ahorrar indefinidamente. En realidad, la buena administración consiste en encontrar un equilibrio entre ambas necesidades. La fortaleza financiera tiene sentido cuando permite invertir oportunamente para mejorar los servicios, modernizar la infraestructura y anticiparse a los desafíos demográficos que ya están en marcha.
La transición demográfica del país someterá a su sistema de salud a presiones cada vez mayores. Llegar a ese escenario con instituciones financieramente más fuertes, mayor capacidad instalada y una visión de largo plazo no elimina el desafío, pero sí coloca al país en una mejor posición para enfrentarlo.
Alfa positivo. En el primer semestre de 2026 las Afore generaron plusvalías por 484 mil millones de pesos para los ahorros de los trabajadores, reflejo de un rendimiento anualizado de 11.85 por ciento.