Menos aranceles, más incertidumbre: lo que viene para México en el T-MEC

Ciudad de México /

La reciente decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos de invalidar varios aranceles impuestos por la administración de Donald Trump fue leída como un respiro para el comercio internacional. El tribunal determinó que el Ejecutivo se excedió en el uso de facultades de emergencia para fijar tarifas, lo que obligó a retirar una parte importante de las medidas vigentes. En los hechos, la tasa arancelaria efectiva promedio de Estados Unidos cayó de niveles cercanos a 16 por ciento —los más altos en décadas— a alrededor de 9 por ciento.

Sin embargo, el alivio fue parcial. Washington activó nuevos instrumentos legales para imponer aranceles temporales, con vigencias limitadas y sujetas a revisión del Congreso. Con ello, más que desaparecer, la política arancelaria entró en un ciclo de cambios frecuentes. Para las empresas que planean inversiones a 10 o 20 años, esa volatilidad pesa más que el nivel puntual del arancel.

Para México, el efecto directo es moderado. Las exportaciones mexicanas enfrentaban una tasa efectiva cercana a 7 por ciento y ahora bajan marginalmente. El problema es que lo mismo ocurre con otros socios comerciales de EU, lo que reduce la ventaja relativa que México había ganado en los últimos años. Seguimos bien posicionados, pero con mayor competencia.

Esto ocurre además en la antesala de la revisión del T-MEC, programada para 2026. El tratado obliga a evaluar su funcionamiento y decidir su continuidad a 16 años. Si el gobierno estadunidense tiene menos margen para actuar unilateralmente con aranceles, es probable que busque endurecer reglas dentro del acuerdo, ya sea en contenido regional, sectores estratégicos o mecanismos de cumplimiento.

Para México, la lección es clara: más de 80 por ciento de nuestras exportaciones van a Estados Unidos. No podemos depender de ventajas temporales creadas por disputas legales o decisiones políticas. La competitividad sostenible vendrá de factores internos: infraestructura fronteriza eficiente, energía suficiente a precios competitivos, certeza jurídica y una política industrial coherente con la integración de Norteamérica.

La decisión de la Corte no elimina el riesgo, simplemente lo traslada al terreno institucional. Y ahí, en la revisión del T-MEC, se jugará buena parte del posicionamiento económico de México en la próxima década.

Alfa positivo. De acuerdo con el Inegi, la economía mexicana ganó fuerza al final de 2025. El avance del PIB en el cuarto trimestre significó su mayor ritmo desde el primero de 2024, al crecer 1.8 por ciento anual, por encima de la estimación preliminar de 1.6 por ciento.


  • David Razú
  • Economista dedicado a temas de finanzas, inversiones y previsión social. Director General de Afore XXI Banorte.
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