Buscar amaneceres en Culiacán IV

Ciudad de México /

SERIE DE BOSQUEJOS “ALTAR PARA JAVIER VALDEZ” / CAPÍTULO IV

Quería brindar historias para que las personas pudieran reflexionar sobre qué significa vivir en este mundo. Especial

Este es ya mi análisis como John Gibler, mi opinión del asunto del narco. La industria transnacional de sustancias ilícitas como la cocaína, la mariguana y la heroína es una industria global, gigante, donde la ilegalidad de la mercancía simplemente parte de la estructura cotidiana del mercado.

O sea, nos cuentan un mito de que las drogas son ilegales porque son peligrosas y la gente que siembra, trafica y vende las drogas son criminales y son peligrosas y tienen que ser detenidas, arrestadas o asesinadas. Y que el Estado está haciendo esa labor valiosa, pero a veces peligrosa labor.

Todo esto que te acabo de decir es un mito, es una mierda, no existe. Ese mundo no existe o existe solo en el discurso para ocultar el mundo que sí existe, que es un mundo donde las estructuras del Estado, no solamente en México, sino a nivel global, son las encargadas de supuestamente vigilar y castigar el mercado ilegal de las drogas, pero en realidad son participantes activas, directas y beneficiarias de esa industria.

Así funciona esto.

***

Cada vez que se inyectan millones y millones de dólares en una guerra en contra del narcotráfico es curioso que la industria del narcotráfico crece. La manera en que se explica esto es porque la guerra contra las drogas es una parte de la misma economía de las drogas.

Dicho esto de forma un poco torpe, pero es muy importante para entender que si uno crece en una ciudad como Culiacán, que es una ciudad con una importancia global en la industria ilegal de las drogas, uno va a conocer personas que trabajan en diferentes aspectos de esa economía desde niños, desde chiquitos.

Si creces en el Valle central de California, vas a conocer gente que trabaja en la agricultura, y si creces en Culiacán vas a conocer gente que trabaja en el narcotráfico, desde la producción o el tráfico o la supuesta vigilancia de la misma.

Entonces, el chiste es que Javier, como persona que creció ahí y, además como reportero, tenía acceso a muchísima información, pero muchísima. Y Javier e Ismael Bojórquez de Ríodoce me dijeron: lo que tenemos que hacer es administrar la información, porque tenemos acceso a mucha información, información verídica, no mitotes.

Fuentes de primera mano, información seria, verificada que en ese mundo, en ese contexto, donde la economía está estructurada alrededor de la supuesta prohibición de la sustancia y la vigilancia, donde el mecanismo de resolución de conflictos no es una corte judicial, pero sí una pistola o una metralleta, y donde la impunidad es constante, es parte de la misma economía, el mismo mercado.

En un lugar así no puedes publicar todo lo que sabes. Ismael me lo dijo en una entrevista: ‘Yo puedo publicar todo lo que yo sé hoy y mañana en mi escritorio, ahí vas a encontrar el moñito negro, y no va a pasar nada. Entonces, si tenemos acceso a toda esa información, lo que tenemos que hacer como reporteros es administrarla’.

Pero administrar no es censurar, no es rasurar la noticia, estoy intentando recordar los mismos verbos que ellos me contaron, pero no se trata de rasurar, sino de ver qué cosas podemos verificar por fuentes externas; qué cosa es importante saber para la ciudadanía, para no mantener un silencio, no rendirnos ante un miedo, pero son historias o información que vamos a publicar de una forma que no lleve, de manera inmediata, a una condena de muerte.

Para Javier, una de esas formas era su columna “Malayerba”. Muchas historias que él conocía —porque tenía acceso directo a las personas que vivían esas historias—, lo que él hacía era presentárnoslas en una columna, cambiando nombres, lugares, pero para mostrar algo de una realidad, en una forma en que no era información judicial.

Era información que la ciudadanía o que el pueblo puede leer y decir: ‘ay, no mames, mira cómo funciona esto, mira cómo está sucediendo esto, ¿qué significa esto?’. Y mi lectura es que ese fue uno de los muchos esfuerzos de Javier de no rendirse ante un silencio de una economía de muerte y de impunidad.

Javier quería brindar historias para que las personas pudieran reflexionar sobre qué significa vivir en este mundo, en esta ciudad, en este mercado, en esta guerra, y no quedarnos simplemente en silencio, rendidos.

Otra cosa es que ellos desde Ríodoce, y muy concreto en el caso de Javier, siempre buscaban historias que desmentían las mentiras del gobierno. Por ejemplo, algunas de las primeras masacres que involucraron al Ejército mexicano, en el contexto de esta supuesta guerra contra el narcotráfico, como la de Santiago de los Caballeros, donde con un trabajo de reporteo, de ir ahí, de buscar a los sobrevivientes, de escucharlos, pudieron hacer un trabajo periodístico que contrarrestaba una versión oficial de los hechos que multiplicaba la violencia ya hecha sobre las víctimas con un discurso falso.

Lo que intentaban hacer Javier y Ríodoce, no era como hacen tantos extranjeros, tantos gringos que dicen: ‘Nosotros vamos a tener la primicia de donde vive El Chapo o donde mueven la droga tal o la primicia de una entrevista con un sicario y cómo este negocio se pone de moda y todo el mundo lo vende’. No, ellos en Ríodoce buscaban a ver qué está pasando con las instituciones del Estado que anuncian una cosa, dicen que esto es una guerra contra el narcotráfico, pero están matando a personas en retenes que no tienen nada que ver.

Historias que iban no para ganar un premio por tener la primicia del mundo del narco. Solo eran historias que buscaban retratar la vida, el miedo y trataban de obligar al gobierno, de alguna manera, a rendir cuentas.

Porque el Estado actúa en nombre supuestamente del pueblo, por lo tanto debe tener que responder ante los reclamos del pueblo. Con ese tipo de reportajes buscaban poner presión ante las instituciones del gobierno para explicar y, de alguna forma, impulsar alguna esperanza de romper con trabajo periodístico la impunidad que actuaba en ese contexto de guerra. Eso hacía Javier.



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