Said y Salma

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

En algunas azoteas de Tel Aviv, militares y oficiales de inteligencia de Israel relatan con detalle los pormenores del genocidio palestino. No vemos sus rostros en medio de la alta penumbra ni las voces que nos hablan son las que son, pero sus testimonios son precisos en cuanto a las operaciones de arrase de Gaza, los sistemas ilegales de vigilancia y los procedimientos indiscriminados para autorizar bombardeos a sabiendas de causar la muerte de civiles.

Vi Naza con mi hijo esta semana gracias a Artegios, que logró distribuirla en México a través de salas de Cinemex y de la Cineteca Nacional, después de que el documental de Yuval Abraham y Rachel Szror recorriera un camino internacional marcado por controversias políticas, amenazas y presiones.

NAZA

Detrás de las escalofriantes revelaciones que hace la película hay una valerosa investigación periodística hecha en conjunto por medios como +972, Local Call y The Guardian que dieron a conocer el uso de sistemas de inteligencia artificial usados por el ejército israelí para definir sus objetivos militares y ejecutar algunos de los ataques más devastadores en Gaza.

En una época en la que el periodismo de investigación parece estar vapuleado por la instantaneidad, el trabajo de este grupo de periodistas y documentalistas permite establecer responsabilidades del gobierno israelí y ojalá contribuya o sea punto de partida en algún futuro de llevar a juicio a quienes han cometido estas atrocidades.

Uno de los momentos que más me estremeció de Naza fue el apartado dedicado a el departamento de Bibi, donde los testimonios señalan la existencia de labores de espionaje específicas destinadas a obtener información susceptible para presionar a adversarios del gobierno de Benjamin Netanyahu e incluso se señala la prisa por acelerar la destrucción de Gaza antes de que Israel “perdiera legitimidad internacional” para continuar con el genocidio.

Va un spoiler que me parece necesario: al final de la película, bastante enfocada en explicar las estructuras responsables de ejecutar operaciones inhumanas y muy contenida en la exhibición de la barbarie directa, aparecen Said y Salma, dos víctimas que, después de este recorrido por una maquinaria de destrucción tan meticulosa, cínica, burocrática (y kafkiana en el más pesadillesco de los términos), nos recuerdan a quienes vemos Naza que la muerte tiene nombre.

Cuando terminó Naza, mi hijo y yo salimos de la sala bajo un silencio sepulcral. La pregunta que teníamos martillando en la cabeza era la misma que la de todos los demás que habían llenado el cine un lunes: ¿qué hacemos? 


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite