Don Gato se divierte con los ratones

Ciudad de México /
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Los avisos del gobierno yanqui de que llevará ante sus tribunales a los narcopolíticos mexicanos, como narcoterroristas que amenazan a su país, han provocado gestiones angustiosas y desesperadas de funcionarios mexicanos, ofreciendo darle información de todo lo que saben, “¡hasta de seguridad nacional!”, a cambio de perdón o al menos de clemencia. Algunos ya se le han entregado y negocian desde sus prisiones.

Esos anuncios del Imperio alegran a muchos mexicanos, confiados en que el vecino atrapará a las ratas que actualmente gozan de la más indecente protección de la Arpía (con A) y del pseudoaparato de justicia mexicano. Por supuesto, la susodicha está horrorizada por la amenaza de que “si entrega a uno, caerán todos”.

Lo cierto es que el comportamiento histórico de Estados Unidos hacia México está marcado por atropellos y permanente injerencismo. Es menester recordar que:

1. En 1848 el Tío Sam se apañó más de medio territorio mexicano, calificando cínicamente a ese latrocinio como simple anexión. ¡Y Tartufo y su Hermosa criatura (con A) jamás le han exigido disculpas!

2. En 1860 el Tío Sam, con barcos de guerra en Veracruz, derrotó a Miramón y dio el triunfo a Juárez.

Estados Unidos ha abusado de su poder contumaz y flagrantemente en todas partes. En diversos países ha impuesto y depuesto a sátrapas según su conveniencia; y los valores de la civilización occidental son opcionales en su agenda. Además, siempre se ha sentido cómodo tratando con gobernantes corruptos y atrabiliarios siempre que le sean útiles.

Resulta paradigmático el reciente caso venezolano: El pueblo no recuperó su libertad y Venezuela es ahora Protectorado yanqui. Cierto, el Imperio capturó a Maduro y a su mujer, pero dejó bajo su mando al mismo aparato gubernamental asesino, y se carranceó, por los próximos 100 años, el petroleo de ese país. La libertad, la democracia y la justicia, que esperen.

No nos engañemos: Trump seguirá burlándose del gobierno cuatrotero cuantas veces quiera, y sirviéndose de él. Tal vez se lleve de la cola a unas cuantas ratas inmundas, pero la limpieza de nuestra vida pública, la vigencia de la ley, la llegada de gobiernos honestos y capaces y el desarrollo con justicia para todos, son tareas exclusivas de los mexicanos.

Esperar a que lleguen de afuera soluciones para nuestras carencias y tragedias es ingenuo o cobarde, y en el pecado llevaremos la penitencia.


  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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