La pudrición a borbollones

Ciudad de México /
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En trincheras políticas nos confrontamos pero el amor a México nos hizo buenos amigos. Descanse en paz Cuauhtémoc Cárdenas.

Los harapientos luchadores sociales que salvarían a México ahora recorren el mundo comprando joyas, bebiendo caro y comiendo con manteca. En efecto, Morena sólo juntó a la ronda con los piteros. Es un mazacote de ineptos y corruptos dedicados al lucrativo toma y daca con el crimen organizado.

Por eso estallan incesantemente los escandalosos desfalcos a las arcas públicas, aderezados con asesinatos brutales (como los del contralmirante Fernando Guerrero y otros seis, por el huachicol fiscal); sin que falten deliciosos amores como el del Circo Taddei, que en tierno arrebato y brindando con champagne puso la belleza de París a los pies de un muchachito hijo de la que cínicamente salió del INE con la frente en alto pero con el trasero mosqueado.

La corrupción política siempre ha formado ríos caudalosos en todos los pueblos del mundo, pero en México se salió de madre desde que Tartufo juró purificar la vida pública con honestidad valiente, austeridad republicana y otras sandeces más. Ese rayito de esperanza que ahora en La Chingada hace libros babosos saturados de embustes y que, como Capo di tutti capi, cierra los ojos plácidamente ante las cuantiosas tracaladas de sus hermanos, hijos y el enorme cardumen de voraces pirañas que lo rodean. Para colmo, la ostentación de los zafios nuevos ricos es nauseabunda; y de remate: la corcholata destapada es la fiel tapadera.

Una de las más perniciosas destrucciones consumadas por el vil obradorato es la del INE, que con valiente y denodado esfuerzo construimos los mexicanos amantes de un verdadero Estado democrático de derecho. Tartufo maniobró para poner al frente de ese instituto a quien calificó de mujer honesta, íntegra y profesional (lo mismo dijo de la corcholata y de otras chuladas como Rocha Moya) pero resultó una rata tamaño canguro que, sin escrúpulos, ella y su pandilla se enriquecieron y corrompieron a ese organismo admirado en el mundo como ejemplo a seguir.

Recordemos que el INE fue 30 años el corazón de nuestra democracia y que ayudó a otros países para perfeccionar sus procesos electorales.

Por eso y más, los ciudadanos libres debemos unirnos para rescatar a nuestras instituciones. Las elecciones del 2027 pueden ser la última oportunidad para no padecer una larga noche de cuchillos largos.



  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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