Principio y fin del 'narcobradorato'

Ciudad de México /
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La lucha política siempre se ha degradado por embustes y traiciones, pero el narcobradorato se pudre irremisiblemente en el pantano excrementicio donde nació y ha vivido.

En efecto: recordemos que ese bodrio cancerígeno fue creado por el “humilde luchador social”, militante del PRI en Tabasco, que bloqueaba pozos petroleros y promovía el no pago de la energía eléctrica. Que después entró al PRD y desde ahí empezó a demostrar su enfermiza ambición de poder personal. Y siendo perredista, traicioneramente creó a Morena y vació al partido que lo acogió. Al principio se ufanaba de no admitir a corruptos y de reservarse “el derecho de admisión” para garantizar la pureza de su causa; y que “por el bien de todos primero (serían) los pobres”. Violando requisitos legales se hizo jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. Después, ostentándose como el “Rayito de esperanza” que iluminaría a todo México, y disponiendo de enormes recursos públicos saqueados a la capital, se lanzó por la Presidencia de República, reiterando que en su movimiento no cabrían los corruptos, y promovió odios y resentimientos por todo donde pasó. Para su desgracia, fracasó en las elecciones de 2006 y 2012.

Por esas derrotas, como dice el refrán: la puerca torció el rabo. Su ambición de poder acabó de enloquecerlo y todo lo justificó: Se olvidó de su “honestidad valiente” y cambió el “derecho de admisión” por puertas abiertas para quienes se sumaran al “movimiento”. Sólo les exigió “obediencia ciega” a cambio de cargos públicos y de impunidad absoluta. El apotegma: “no mentir, no robar y no traicionar” lo escribió en el Papel Sanitario para el Bienestar; y la avalancha de bribones fue incontenible. Lo más corrupto de la clase política hizo lo de siempre: enriquecerse sin límites, aplaudirle y besarle los pies. Desde que llegó a la Presidencia, su familia y amigos se han atragantado hasta vomitar.

Lo más siniestro de todo fue que también atrajo con “abrazos y no balazos” a los más demenciales asesinos, compartiéndoles el poder y el botín. Por eso, pasará a la historia como el piojoso multiasesino que traicionó a su patria.

Ahora, su pupila es feroz defensora de los ilustres narcomorenos, pero ya no les puede garantizar impunidad absoluta, por eso se apuñalan entre ellos; y las ruinas del Segundo Piso están apuntaladas con dádivas a los pobres y la indiferencia de medrosos. Esa es la realidad.


  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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