Golpeteo político

Jalisco /
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Otro capítulo tan negro como el agua de Guadalajara se escribió ese 11 de octubre. La manifestación por el agua fue recibida por granaderos listos para explotar ante la primera chispa. Y así fue. Ese es el verdadero golpeteo político. El uso de la fuerza pública para agredir a quienes le dieron las llaves de ese inmueble en Manuel Acuña. Esa es la política bien aprendida por sus antecesores. 

Del grupo de choque de cuatrocientas personas que informó el gobierno de Jalisco no se conoce a ninguna. Pero sí a 39 “generadores de violencia” que “provocaron” la reacción violenta de los uniformados. Ese fue el discurso al que se apegó el oficialismo esa noche. Un argumento que alimentó a lo largo de toda una semana de protestas que se desataron en la zona metropolitana para desacreditar la inconformidad de la ciudadanía. Pero ese domingo, el “golpeteo político” ya no era protagonizado por integrantes de partidos, era ejecutado por servidores públicos que tendrían que haber protegido, no agredir. 

El hartazgo se desbordó como el agua sucia y pestilente que inundó los hogares de la zona metropolitana durante meses. Las quejas en la CEDHJ, los descuentos en los recibos y los reportes al 073 del SIAPA no dieron agua limpia nunca. Las protestas sí. Bastó cerrar calles y amenazar con una megamarcha para que en dos días las autoridades encontraran una alternativa para resolver el problema. Eso da más rabia todavía. 

Por eso lo ocurrido ese día no se trata de equilibrar la balanza ni una responsabilidad compartida. Fue el Estado. Desde el principio. Fue el gobierno el que permitió que niños, jóvenes y adultos tuvieran que bañarse aguantando la respiración y cerrando los ojos; y fueron sus operadores quienes sacaron las macanas y las mangueras para reprimir a quien tuviera el atrevimiento de quejarse y responder las agresiones.

Esas no son formas, dicen. Pero sí son. Sin la presión social, no se resuelve nada. Así comenzó a resolverse el problema. Así se liberan a presos políticos. Y este domingo se regresa a las calles, porque protestar y el agua limpia, son derechos. Aunque no les parezca.


  • Dora Raquel Núñez
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