Que en los pasillos del sector agropecuario de La Laguna la molestia va en aumento y apunta directo hacia las oficinas de la Cofepris y la Coprised. Y es que, mientras los inspectores sanitarios parecen andar muy ocupados en otros asuntos, por la Central de Abastos de Torreón y decenas de misceláneas regionales anda rodando sin control tonelada y media de huevo importado de Estados Unidos. El problema no es solo comercial, sino de salud pública pura y dura: al huevo “gringo” le quitan la cutícula protectora al lavarlo en la frontera y requiere cadena de frío obligatoria.
Productores de peso como Ángel Aguirre, Alejandro Hermosillo, Ramiro Padilla y Modesto Villarreal ya alzaron la voz porque la autoridad reguladora nomás “no ve ni oye”. ¿Estarán esperando a que reviente un problema epidemiológico para salir a colocar sellos de clausura, o de plano la inspección sanitaria en los centros de distribución masiva es punto y aparte?
Que la crisis por la sobreoferta y el desplome del precio del huevo —que pasó de 32 a 26 pesos el kilo— ya tocó las puertas de los palacios de gobierno en Durango y Coahuila. La alianza avícola regional, que agrupa a marcas como Santo Madero, La Revancha, Tres Torres y Huevo Tres Generaciones, le está pidiendo a Esteban Villegas y a Manolo Jiménez que metan las manos ante la Federación para frenar la competencia desleal del producto estadounidense.
Que la firma del convenio entre la Conagua de Juan Gabriel Riestra y el Municipio de Torreón dejó con la boca abierta a más de un escéptico. Pasar de un “tijeretazo” a la deuda del SIMAS —de más de 202 millones a “solo” 94.6 millones de pesos— no es cualquier ajuste de cuentas. Miguel Ángel Riquelme Solís y Xavier Herrera andan presumiendo que le “ahorraron” un buen fajo de billetes a las arcas locales con el enganche de 10 millones y abonos chiquitos para pagar poquito. Pero no falto el malpensado en los corrillos del Cabildo que ya se pregunta: ¿de dónde saldrá el resto del recurso trimestral para no romper el cerdito operativo del SIMAS?
Cuentan que tras el apretón de manos con la Conagua, en el SIMAS Torreón respiran como si hubieran encontrado agua en el desierto. El truco mágico del esquema “peso a peso” que pactaron Riestra Beltrán, Márquez Guevara y compañía promete que cada centavo abonado regresará en obras directas para la red hidráulica local. En los corrillos comentan que el pacto es un gancho político impecable para decir que la federación y el municipio ya “jalan para el mismo lado”. Sin embargo, los observadores más colmilludos no pierden de vista el detalle: si el municipio tropieza con uno solo de los abonos de cinco millones, el encanto federal de Proagua podría esfumarse tan rápido como una fuga no reparada.
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