Eduardo Emmanuel Ramosclamont Cázares
  • El príncipe

    Maquiavelo comprendió algo que todavía nos incomoda admitir: el poder no comienza cuando alguien adquiere autoridad sobre los demás, sino cuando aprende a interpretarlos.
  • El lugar vacío del deseo

    Porque cuando todo tiene una respuesta, pocas cosas pueden ser deseadas.
  • La gravedad de lo insignificante

    Quizá madurar consista precisamente en eso: dejar de atribuirle una gravedad artificial a la existencia para descubrir que la vida no necesitaba ser tan solemne para ser profundamente significativa.
  • La Liturgia de los Falsos Santos

    Mucho más inquietante es la condición del falso santo, quien ha decidido convertir una ficción en identidad y hacer de su preservación el principio rector de su existencia.
  • La ficción de la posesión

    El estoicismo sostiene que el ser humano confunde administración con dominio; habitamos un mundo prestado y, sin embargo, nos comportamos como propietarios absolutos de aquello que apenas transitamos.
  • Lo necesario

    Nunca me ha convencido el destino porque necesito creer que mis decisiones siguen teniendo un peso real. Pero también necesito creer que nada de lo vivido está condenado a la esterilidad.
  • Ética de la entrega

    Porque, al final, la honestidad no consiste únicamente en decir la verdad. También consiste en permitir que la verdad de lo que sentimos tenga lugar dentro de nosotros.
  • La Verdad Como Fisura

    Sin embargo, el problema, y quizá también la tragedia, es que el sujeto nunca controla del todo aquello que verbaliza. Habla, sí, pero mientras habla también se filtra.
  • Me gusta creer que Ícaro cayó feliz

    Siempre he sentido una secreta simpatía por Ícaro. No lo observo como a un joven imprudente que desatendió la advertencia de su padre, sino como a una conciencia radicalmente inconforme con la topografía de los límites.