Incorporar lo diverso

Ciudad de México /

La semana pasada escribí en este espacio sobre la estetización del fenómeno del narcotráfico tanto en series como en documentales de Netflix y demás. A propósito de ello, me escribió el actor Gabino Rodríguez para compartirme un texto que en su momento él escribiera sobre el fiasco protagonizado por El Chapo Guzmán, Kate del Castillo y Sean Penn (lo recomiendo ampliamente, se puede leer aquí: http://somosreclamos.blogspot.com/2017/10/el-dia-que-conocia-kate-y-sean.html?view=flipcard).

Además de la coincidencia con lo que él llama la “netflixización de la realidad”, me llamó sumamente la atención la siguiente frase, que me ayudó a ordenar algo a lo que llevaba un tiempo dándole vueltas. Escribe Gabino: “El valor de tener acceso a distintos puntos de vista no radica en poder escoger entre ellos, sino en que del enfrentamiento de los mismos puede surgir algo nuevo”. En mi caso, llevaba un rato pensando en el muy actual tema de la diversidad cultural, en concreto con la obsesión por demostrar que uno se nutre de expresiones culturales disímiles, de preferencia correctamente repartidas en cuotas que testimonien la propia apertura mental. Ello porque me parece que la paradoja es que aunque la medalla de la diversidad cultural por lo general se presenta como desafío a las estructuras tradicionales de poder, en ocasiones termina siendo más bien un mecanismo sumamente esnob y excluyente, pues por muchas razones no todo el mundo tiene acceso a (o interés en) las expresiones culturales de todo el planeta. (Existen también ciertos giros que rayan en lo cómico, como cuando hace poco un amigo escritor gringo, blanco, me decía que no podía escuchar a The National porque era música de gringos blancos).

Al mismo tiempo, creo que sería necio por un lado negar el inmenso valor de la diversidad cultural, así como el hecho de que en efecto los gustos y las modas están fuertemente condicionados por factores históricos y de poder en términos económicos, de clase, género, raza, etc. Por ello, donde para mí Gabino da en el clavo es en el resultado que pueda producir el encontronazo de lo diverso, no como un hecho a presumir en redes sociales, sino justamente como un desafío que cuestione aquellos moldes donde por historia personal y cultural tendemos a sentirnos más seguros. En ese caso, idealmente podrían salir ideas o prácticas que en los hechos –y no solo en el discurso– permitan “surgir algo nuevo”, un poco como en la vieja idea marxista de que del choque entre tesis y antítesis se produce la síntesis, solo que en lugar de a dos bandas, como una colisión de muchas fuerzas que a su vez dan origen a otro planteamiento que al incorporarlas se trasciende. O, dicho de otro modo, que el acceso a lo distinto funcionara más para cuestionar las prácticas de las que formamos parte y menos como salvaguarda moral para, una vez que anunciamos que hemos visto suficientes películas provenientes de países que nos resultan remotos, continuemos comportándonos exactamente igual.

  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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