La carta robada del 'Ciudadano Kane'

Ciudad de México /

En esa monumental película que es Ciudadano Kane, el hilo conductor es el empeño de un periodista por averiguar el significado de la palabra pronunciada por Charles Foster Kane justo antes de morir, “Rosebud”. Así, en el proceso de entrevistar a personajes clave de su vida, a través de los cuales conocemos su biografía, nadie tiene idea alguna sobre qué pueda significar dicho término. Hasta que en la escena final donde se están quemando las pertenencias de Kane se revela que es el nombre del trineo de su infancia, justo con el que jugaba cuando llega el señor Thatcher a llevárselo del hogar familiar, por iniciativa de su madre, para educarlo para que se convierta en un potentado capaz de recibir una gran fortuna a los 25 años de edad.

Al pensar en el hecho de que ninguno de los personajes cercanos a Kane atisbaran ni de cerca el significado de “Rosebud” me vino a la mente la estructura del cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”, donde la incapacidad para encontrar una importantísima carta yace precisamente en que se encontraba arrugada y a la vista de todos en una caja donde se guardaban tarjetas postales. En el caso de Kane, al ser un magnate se asume que su palabra final estará referida a un asunto de gran trascendencia, o a un gran amor. Ello porque al igual que explica en “La carta robada” Auguste Dupin, que es quien finalmente resuelve el misterio, el error del prefecto de policía consiste en aplicar medidas “buenas”, que no sirven para el caso, pues “un cierto conjunto de muy ingeniosos recursos son para el prefecto una especie de lecho de Procusto, al cual adapta a la fuerza sus designios”.

En el caso de Kane, los personajes secundarios de su vida asumen lo que creen es la mentalidad de un poderoso y prepotente magnate, y desde ahí narran y proyectan sus propios deseos a través de los de Kane. Con lo cual no logran verlo a él realmente, ni entender lo que revela que el misterio corresponda al trineo de la infancia: que detrás de su carácter insaciable e irascible yace un anhelo primigenio por recuperar la infancia arrancada de tajo para predeterminar desde niño su futura vida como magnate insaciable e irascible. Con lo cual la opulenta mansión Xanadu, con su zoológico que compite con el arca de Noé, la colección de estatuas, los periódicos, el poder político, la adulación, las mujeres y demás son simplemente un fútil esfuerzo cada vez más megalómano para tapar el agujero simbolizado por el trineo Rosebud, que al arder en la hoguera sin que nadie lo advierta extingue la evidencia de la infancia robada, que explica de manera muy simple lo que parecería ser una vida muy compleja. 

Pues al igual que en el cuento de Poe, se asumen ciertas verdades generales que impiden siquiera voltear a ver la que se busca: ¿por qué al inventariar y desmontar una mansión llena de riquezas nadie repara en que Kane conservara algo tan inocuo como un trineo, que además evidentemente estaría fuera de lugar en el soleado clima de Florida, lugar donde se sitúa Xanadu? Se les escapa así la idea de que debajo de la grandilocuencia del megalómano hay un hombrecillo, probablemente asustado, que anhela que sus padres no lo hubieran entregado a un desconocido para labrarle un futuro destino de lo que en el cuento de Poe se denomina como “Monstrum horrendum”: “Un inteligente hombre sin principios”, cuyos desvaríos y hazañas, y el esfuerzo inútil por explicar mediante su vida el significado de lo que pronuncia antes de morir, son la base de una de las grandes obras cinematográficas de todos los tiempos.


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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