¿Libertad para qué?

Ciudad de México /

Uno de los valores en cuyo nombre se perpetra más violencia pública en las sociedades occidentales, tanto verbal como física, es sin duda el de la libertad. En su carácter de dogma cuasirreligioso, la libertad parecería a menudo justificar por sí misma no únicamente insultos ni descalificaciones, sino el pasaje a la agresión violenta, como hemos visto tantas veces en tiempos recientes en el caso de guerras que han destruido naciones enteras, siempre en el nombre de defender la libertad. Parecería como si el hecho de estar alineado políticamente con los países que se autodenominan libres fuera justificación para cualquier tipo de actos violentos (por cierto: ¿qué libertad dejan los actos violentos a las víctimas de los países pulverizados u ocupados? O, para el caso: ¿qué libertad tienen los millones que viven bajo pobreza extrema en las sociedades de libre mercado?) Y por atroces que sean dichos actos violentos, siempre vendrán de alguna forma justificados como daño colateral de la defensa de la libertad.

Pero digamos que una cosa es la geopolítica de las naciones, y que si los líderes de Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña y demás deciden hipócritamente utilizar el concepto de libertad como carta blanca para librar guerras o justificar el apartheid y la ocupación, hasta cierto punto la sociedad no tiene alternativa, pues ni siquiera el voto (libre) parecería poder alterar de manera drástica el belicismo libertario, pues van y vienen líderes políticos de distintas filiaciones, pero en lo esencial la política de las naciones libres hacia las que consideran no libres es básicamente la misma. Sin embargo, como demuestra el actual conflicto en Medio Oriente, esta misma mentalidad está a menudo presente en buena parte de la sociedad, incluidos grandes medios de comunicación que teóricamente son de izquierda, progresistas, como sucedió hace poco con The Guardian, que canceló la publicación de un artículo del abogado y académico Dylan Saba donde, precisamente, denunciaba represalias contra estudiantes, académicos y profesionales, que pierden sus puestos de trabajo o carreras por haber expresado públicamente su apoyo a la causa palestina. (Finalmente se publicó en la web de la revista n + 1 y puede consultarse en: http://bit.ly/498KWIm). O la cancelación de un evento público en Nueva York del prestigioso novelista Viet Thanh Nguyen, ganador del Pulitzer, por haber firmado una carta donde pide se pare la actual masacre contra la sociedad palestina.

El comediante egipcio Bassem Youssef lo expresó de manera irónica en una entrevista con la BBC que se volvió viral: “Estamos con Israel, porque es una lucha entre bien y mal. Ahora, si ya decidiste que alguien es bueno, no puede hacer nada malo. Y si ya decidiste que alguien es malo, es bueno matarlos”. Y ante la admisión del presentador Piers Morgan de que parte del objetivo israelí al bombardear y aterrorizar a la sociedad palestina es que se volvieran contra Hamás, remató diciendo: “Esto es lo que hace una organización terrorista, por lo que acabas de comparar a Israel con ISIS”.

Pero al parecer lo importante no son los métodos, sino de qué lado de la narrativa de la libertad y del bien se encuentre quien perpetra la violencia. Así que resultan ser conceptos bastante estrechos y homogéneos, que sólo agrupan a un determinado bando político y a sus seguidores, y quienes se atrevan a disentir o pensar distinto serán violentados y excomulgados de todas las maneras posibles que ofrecen las sociedades libres para ello.


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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