Narcisismo del sistema

Ciudad de México /

Si bien la psique es un asunto individual, existen en los distintos momentos históricos tendencias o generalidades que parecerían apuntar a fenómenos más bien sistémicos, que por diversas causas terminan aterrizando en casos individuales, que de alguna manera fusionan tanto la problemática personal como las disfunciones sistémicas que justamente son las que producen dichas tendencias. Así, pensadores como George Monbiot o Mark Fisher han hablado de una epidemia de enfermedades mentales, Darian Leader considera que el consumo masivo de antidepresivos termina funcionando como un insumo de producción que permite a la gente funcionar laboralmente, o Renata Salecl considera que el estado de angustia masivo coloca justamente el énfasis en lo individual, con lo cual se dificulta apreciar el panorama más amplio.

En ese contexto, no parecería ser casual que el narcisismo aparezca como una relevante categoría política en la actualidad, así como un importante elemento para conseguir éxito o fama, plasmado en la ya casi necesaria autopromoción como forma para procurar destacar en algo. A nivel de la gran política, el regreso de la figura del hombre fuerte potencia la narrativa del devenir de las sociedades como algo asociado a la voluntad, la personalidad y el carisma de los líderes, y tampoco es nada irrelevante el rol simbólico que desempeña el culto a la personalidad de celebridades, deportistas, o incluso los grandes líderes empresariales. Mediante la omnipresencia de estas grandes personalidades, parecería que sociedades complejas, pobladas por millones de habitantes, están en manos exclusivamente de los designios de una estrecha élite política, empresarial, artística, un poco en la línea de la importancia simbólica que Orwell adjudicó a la figura de Big Brother como aglutinador de afectos, con la función de orientar un cierto tipo de pensamiento y conductas en la sociedad.

Y a nivel individual, la exigencia narcisista de una continua autoproducción de la mejor versión virtual y social de uno mismo y sus logros es el correlato perfecto del individualismo que fundamenta al actual orden sociopolítico. La competencia incesante y la obsesión con aventajar a los otros es un motor económico fundamental del sistema, y ni siquiera en un sentido de conspiración sino abierto, incluso a nivel de fundamento teórico de los pensadores seminales del sistema actual, como Hayek o Friedman, por nombrar un par. Y justamente, los antidepresivos como solución masiva (e industria millonaria) refuerzan la idea de que los problemas mentales son un asunto individual, de que algo está mal con uno mismo, y en ese sentido es su culpa y su tarea arreglárselas para funcionar correctamente, y jamás de los jamases dejar de trabajar y producir.

  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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