Para una historia universal de la hipocresía

Ciudad de México /

Si algún día se escribiera una historia universal de la hipocresía, debería sin duda traer la bandera de Estados Unidos en la portada. Más allá de regímenes y gobiernos que han pasado a la historia inscritos más bien en registros de maldad o brutalidad, creo que sería difícil encontrar alguno donde exista una doble cara tan burda, un abismo tan grande entre discurso público y realidad, y casi cada día que pasa se podría encontrar nuevos ejemplos que sólo por lo regular es que dejan de ser sorprendentes.

En Quiet on Set, el documental de reciente estreno sobre el famoso canal infantil Nickelodeon, el niño actor y cantante Drake Bell cuenta de manera sumamente detallada y desapegada cómo fue abusado sexualmente y violado repetidamente durante un largo periodo de tiempo por Brian Peck, un entrenador vocal y ocasional actor en programas de la serie, muy conectado al parecer en la industria, que acogía a Bell en su casa con motivos teóricamente paternales, para violarlo repetidamente. En algún momento de la serie, Bell dice a su entrevistadora, para evitar entrar en detalles gráficos, que imagine lo peor y más violento que un hombre le puede hacer a un adolescente sexualmente, y que con eso se hará una idea de lo que sucedió. Cuando en 2004 Peck fue finalmente arrestado, recibió una sentencia de apenas 16 meses de prisión, y en el documental se exponen cartas y cartas que recibió de actores, productores, y otros famosos de Hollywood, escritas al juez en apoyo suyo, varias implicando que el jovencito debió de haberlo tentado irremediablemente para que hiciera algo así. Cuando salió de prisión, fue contratado para trabajar nuevamente en un programa de otro canal para niños, Disney Channel.

Esto es un ejemplo más de la tradición americana de aplicar la justicia selectivamente si se es rico o famoso (O.J. Simpson, Michael Jackson, el mismo

Donald Trump), pero ante un caso de violación repetida de un menor de edad, en el país con un discurso donde en las mismas universidades prácticamente cualquier tipo de expresión puede hoy ser considerada inaceptable y ofensiva, incluidas ahora obras clásicas de la literatura, no deja de llamar la atención el nivel tan espectacular de hipocresía masiva.

Y hablando de universidades de élite, supuestamente liberales, humanistas, etcétera: por una parte, el yerno de Trump, Jared Kushner, puede ir a Harvard a pedir la limpieza étnica de Gaza y destacar el valor inmobiliario de las tierras una vez que eso suceda, y salir entre aplausos. Y por la otra, la semana pasada fueron arrestados 108 estudiantes en la universidad de Columbia, por una protesta absolutamente pacífica en contra del genocidio en Gaza. Arrestados. Esposados y vinculados a proceso, y al parecer perderán el semestre y el derecho a continuar viviendo en sus dormitorios de la universidad. Por protestar pacíficamente contra una brutal ofensiva militar que está ya causando hambruna y ha ocasionado más de 30 mil muertes de civiles. ¿No se supone que existe libertad de expresión y de asociación en el país que ha hecho de la libertad y la democracia las banderas para incluso a menudo actuar violentamente en el tablero del escenario mundial? Si la protesta fuera contra el mundo árabe o los inmigrantes ilegales o el movimiento Black Lives Matter: ¿se podría siquiera imaginar un escenario donde los estudiantes fueran arrestados? 

Pero mientras la rueda de hámster de la hipocresía siga girando, la tierra de oportunidades seguirá liderando al mundo en su marcha inexorable hacia la libertad. 


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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