Hidalgo, referente de seguridad

  • Columna de Elías M. Gil Valdez
  • Elías M. Gil Valdez

Hidalgo /
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En el panorama político actual de México, donde la polarización y las complejidades en materia de seguridad suelen dominar el debate público, el estado de Hidalgo se erige como un referente de estabilidad, certeza y tranquilidad.

Los datos más recientes de diversas mediciones de opinión pública —entre ellas los informes de aprobación gubernamental de la firma Consulta Mitofsky, posicionan al gobernador Julio Menchaca Salazar entre los liderazgos ejecutivos mejor evaluados y con mayor respaldo en la región central del país.

Este posicionamiento positivo no es casualidad; responde a una dinámica de gobernanza caracterizada por dos factores fundamentales: la preservación de la paz social y una administración pública alejada de las estridencias o los escándalos políticos.

Uno de los mayores activos de la presente gestión estatal ha sido la capacidad para mantener una agenda enfocada en la gobernabilidad y el trabajo institucional. En un entorno donde a menudo la política se contamina por disputas estériles o notas de escándalo, en Hidalgo ha prevalecido un clima de civilidad democrática.

La ausencia de sobresaltos políticos no implica pasividad; por el contrario, refleja un ejercicio del poder orientado a la resolución pragmática de las necesidades ciudadanas. Cuando el gobierno estatal concentra sus energías en la gestión y en el contacto directo con la población, se genera certidumbre en las instituciones y tranquilidad en los distintos sectores productivos y sociales.

En el rubro de la seguridad pública —tema sensible para cualquier entidad federativa— Hidalgo se consolida dentro de los parámetros más aceptables del país. Si bien la agenda de seguridad exige atención permanente y no admite triunfalismos, los índices de percepción y la incidencia delictiva colocan a la entidad en una posición favorable frente a la media nacional.

Mantener niveles controlados de inseguridad permite que la entidad conserve un entorno favorable para la inversión local y foránea, el turismo y el desarrollo económico. La estrategia estatal ha sabido coordinarse con las fuerzas federales y municipales, asegurando que la vida comunitaria transcurra en un clima de normalidad y certidumbre jurídica.

La paz social no debe entenderse simplemente como la ausencia de conflicto o delito; es, ante todo, la presencia de confianza mutua entre la ciudadanía y sus autoridades. En Hidalgo, este ambiente de serenidad se traduce en parques productivos activos, calles transitables, inversión sostenida y una cohesión social que fortalece la identidad comunitaria.

El reto hacia adelante consiste en consolidar este modelo de estabilidad. Reconocer que Hidalgo se sitúa hoy entre los estados más seguros y estables del país es el punto de partida para exigir que esos estándares se mantengan y perfeccionen día con día.

El compromiso entre un gobierno enfocado en dar resultados y una ciudadanía participativa será, sin duda, la mejor garantía para que la paz social continúe siendo el verdadero sello distintivo del estado.


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