M+.- Nueva York fue el epicentro de dos escenas que retrataron, en 24 horas, el contraste entre el poder global, el espectáculo deportivo y la justicia que México no ha logrado ejercer.
La Presidenta limó cualquier duda de aspereza con la corona española —luego de la rudeza innecesaria de López Obrador—. Dialogó unos cuantos minutos, previo al inicio del partido, con Trump, Carney y secretarios estadunidenses. Ahora sí estuvimos representados; lástima que el motivo fue la invitación de Donald Trump. Pero el caso es que acudió. Y pisó el podio, como única mujer y mandataria. Más tarde, en ese mismo Nueva York donde se tejen historias, sentenciaron a El Mayo Zambada.
La doctora Sheinbaum regresó en la madrugada a Palacio Nacional y, muy temprano, ya estaba en su conferencia de prensa. Se le vio feliz —no con sonrisa apretada o burlona—. Narró contenta su día mundialista.
Mientras hacía la crónica de su breve estancia en Estados Unidos, a unos 30 kilómetros del estadio de Nueva Jersey, donde triunfó la selección de Luis de la Fuente, el juez Brian Cogan, en la corte de Brooklyn, sentenció al hombre que lideró por más de cuatro décadas al cártel de Sinaloa.
Entre el gol de Ferran, las lágrimas de Messi, las fotografías históricas, el espectáculo de medio tiempo —rockero, cómico, mágico, musical—, los grandes futbolistas, “el oso” de Trump queriendo salir en la fotografía del triunfo, entre presidentes, reyes y periodistas, Nueva York fue también testigo, horas después, de la condena a cadena perpetua del hombre que lideró uno de los cárteles más poderosos del mundo y que corrompió durante sexenios a la clase política. Cayó el intocable en México, pero cayó allá.
“Acepto mi castigo. No estoy aquí para pedir compasión. Estoy aquí para aceptar mi responsabilidad y pedir perdón”, declaró Zambada.
Su abogado, Frank Pérez, insistió en que no entregó información a las autoridades norteamericanas, pero sí consiguió que Cogan recomendara un penal donde sean atendidos sus padecimientos. ¿A cambio de qué?
Veremos. Ayer, el jefe de la DEA, Terry Cole, señaló que la sentencia contra El Mayo es sólo el principio.
Aquí entre nos
Falta que caigan los peces gordos de la política que forman parte de la maquinaria criminal: quienes, desde el poder, facilitan negocios oscuros a los cárteles; quienes se venden por dinero y votos; quienes traicionan al país.