Balones ponchados

Puebla /
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Entre marchas, contiendas, baches, inundaciones, desaparecidos, acusaciones de corrupción y violencia exacerbada, transcurre en México el Mundial 2026, entre la expectativa y la sospecha.

Para unos, es una distracción más y el pretexto perfecto para decir que no estamos tan mal, para otros, un afrenta directa hacia tantos que no pueden cerrar su duelo porque los suyos, a diferencia del balón, no han regresado a su casa.

Más allá de lo que cada uno sienta con respecto a este Mundial, tratar de ser objetivos implica plantearse seriamente la pregunta ¿es tiempo y hay condiciones para un Mundial en México?

Algunas ponderaciones

Hay más de 130 mil desaparecidos a nivel nacional, de ellos, aproximadamente 17 mil se registraron este sexenio.

Más de 51 casos de corrupción activos el 2025, según Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

Se calcula, hasta 2025, una tasa de homicidios de 11.1 por cada 100 mil habitantes.

Anualmente, 721 carpetas de investigación se abren por feminicidio.

Nada que festejar en estas cifras; y sin embargo, rodamos el balón como quien se echa un cascarita con un envase de refresco vacío en la calle.

El Mundial llena todos los espacios: desde la calle hasta la sala de nuestra casa, desde el trabajo hasta el negocio propio y nos parece normal que así sea. Acaso ¿nos hemos acostumbrado? o será que, en efecto, no estamos tan mal.

La violencia en territorio nacional no es nada nuevo, tampoco es fantasía ni exageración.

Mientras que para unos la IA sirve para predecir el país ganador, otros la utilizan con el fin de identificar las zonas geográficas de mayor violencia, donde ocurren desapariciones, feminicidios, desplazamientos forzados que trascienden las cifras oficiales.

Estas “cartografías de la violencia” no dan tregua para negociar el horror que nos invade al salir a las calles y saber que, tal vez, no regresemos.

En el México de hoy acontecen dos fenómenos distintos pero que se encuentran en algún punto: por un lado, miles de fanáticos se ponen la camiseta de la selección, prenden los televisores o acuden entusiasmados a los estadios, como si de ello dependiera su vida; son “orgullosamente mexicanos”, mientras que, en otros suelos, madres buscadoras exigen ya no sólo la localización de sus hijos, hermanos, padres, etcétera, sino el reconocimiento de su propia voz y su propia lucha, algo que está muy lejos de suceder mientras Merlín siga acaparando las vistas del gobierno.

Un México dividido como siempre, uno o ¿dos? Méxicos: uno que sólo se siente esperanzado cuando deposita su confianza en una selección y está a la expectativa de un gol y, otro, el que vive sin vivir, desterrado, desolado y desconsolado.

¿Será que de un gol depende nuestra esperanza? ¿será que un jugador sea más confiable que un miembro de cualquier Poder de la nación? ¿Será que un Mundial nos distraiga lo suficiente como para festejar en lugar de llorar?

Sería bueno que les pregunten a las familias de los desaparecidos ¿qué prefieren: la localización de sus seres queridos aunque sea muertos o un lugar en los octavos de final?

Sería conveniente escuchar a los empresarios sobre ¿cuál creen que sea la mejor decisión, Llevar al pato Merlín a Palacio, vestirse del tri o frenar a los extorsionadores que hacen quebrar diariamente tantísimos negocios?

Me gustaría que le preguntaran al mexicano de a pie si sería capaz de intercambiar un fracaso en el Mundial por un país donde pudiera salir a la calle en paz y con libertad, sabiendo que, por la noche, abrazará a los suyos.

¿Economía o futbol?, ¿seguridad o futbol? ¿paz o futbol?, ¿combate al crimen organizado o futbol? Y otras tantas preguntas, no debieran serlo: la paz, la justicia, la verdad y la libertad no pueden quedar a discusión: lo esencial no se negocia.

Sólo la mediocridad nos hace preferir albergar un Mundial y festejar lo que no tenemos, antes de tomar partido, enfrentar, exigir y gritar ¡Basta!

No importa el resultado final del Mundial, en México seguimos dándonos el pase con balones ponchados, que no meten los goles que necesitamos.

Mored


  • Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Consultora en Bioética. Fundadora de SECOBIE
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