Bioética y Tanatología

Puebla /

Como cada comienzo de año, la lista de propósitos se vuelve interminable. El balance de lo ganado y lo perdido en el año que se fue, la inspira y reconfigura.

Suele ser común que las pérdidas nos abrumen y nos generen melancolía. Algunas, incluso, porque la posibilidad de recuperarlas ya no exista más, como sucede cuando recordamos a quienes se nos fueron y nos dijeron adiós.

Aprender a manejar este sentimiento por un lado de tristeza y, por otro de aceptación es difícil ya que en él se incluye todo lo que aconteció antes de ocurrir la pérdida: enfermedad, enojos, frustración, duelos anticipados, soledad, abandono, etcétera. No importa de qué pérdida se trate, estos sentimientos y otros acompañan el proceso.

Particularmente si recordamos a un ser querido cuya despedida conllevó mucho dolor físico, psicológico o espiritual, el proceso de reestructuración de quienes quedan vivos y de reformulación de nuevos estilos y propósitos es complicado, pero posible.

Generalmente duele la pregunta ¿qué me hizo falta hacer? o ¿y si no hice suficiente? y estos cuestionamientos en situaciones donde se presentó una enfermedad crónica y degenerativa siempre dejan la puerta abierta a opciones que no son sino fantasías que uno se imagina y se aferra a ellas aún sabiendo que, médicamente hablando, no hay nada más que hacer.

Sin embargo, existen dos disciplinas que pueden auxiliar y facilitar tanto la toma de decisiones previas a la muerte de la persona, como el manejo de la pérdida y de la adaptación a una nueva vida después de aquella.

Por un lado, está la Bioética que ayuda a tomar decisiones éticas y a respetar los valores, preferencias y creencias de una persona que atraviesa una disminución de su estado de salud, ya sea de forma temporal o permanente y orienta al mismo paciente y a su familia a brindar aquellas medidas que, sin alterar el proceso natural de muerte, permitan que ésta ocurra con el menor dolor y agonía posible.

Por otro lado, se encuentra la Tanatología que, como su definición etimológica nos propone “tanathos” (muerte) y “logos” (estudio), significa el estudio sobre la muerte; no obstante, esta disciplina se encarga de acompañar el proceso de muerte antes, durante y después, pero con el enfoque puesto no en “aprender a morir” sino en “aprender a vivir” es decir, ayuda a reflexionar en la vida al tiempo que nos permite reflexionar en el término de ésta.

Así, la Tanatología rescata aquellos elementos que constituyen una “buena vida” para la persona enferma y su familia, y que le ayudan a asimilar y aceptar su propia muerte agradeciendo la vida que pudo tener.

Temas como los cuidados paliativos, las voluntades anticipadas, la sedación paliativa, la calidad de vida, las relaciones “médico-paciente-familia”, la autonomía, la capacidad para tomar decisiones de una persona enferma, la eutanasia y el suicidio asistido, etcétera, son transversales en ambas disciplinas.

Así, tanto la Bioética como la Tanatología constituyen un binomio apropiado para que nuestras pérdidas no constituyan huecos, vacíos o silencios prolongados sino, más bien, experiencias de aprendizaje y crecimiento personal.

No se trata pues de evitar la muerte ni de “superar” o “sanar” el dolor sino de hacer lo que se puede y se debe hacer con la convicción de que hemos sabido vivir y hacer que los nuestros vivan plenamente hasta su final y, después, de atravesar el largo y arduo duelo, etapa por etapa, que la partida de un ser querido nos deja sin intentar hacer que no duela o duela menos pero siempre con la esperanza de que, un día, pasará y sabremos salir delante de otra manera.

Quizá este comienzo de año sea una buena oportunidad para comenzar a “aprender a vivir” para “saber morir” tanto con nosotros mismos, como con nuestros seres queridos.

Reconocer y aceptar que la muerte y el tiempo que la antecede es algo natural, nos llevará también a saber pedir ayuda cuando las decisiones se tornan dudosas y a dejarnos acompañar cuando la vulnerabilidad nos impide seguir nuestro camino.

No dudes en buscar y solicitar ayuda de un profesional en Bioética, Tanatología o ambas, especialmente si en esta época o en otra posterior, el río caudaloso de la vida te interpela con la finitud de la existencia humana.


  • Elizabeth de los Ríos Uriarte
  • Profesora investigadora de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac México
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