Andor y el autoritarismo

  • Columna de Elliott Ruiz
  • Elliott Ruiz

Hidalgo /
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Tal vez esta columna llega tarde. Hace más de un año que terminó definitivamente la serie Andor, de Star Wars, pero las palabras de personajes como Nemik, Marva y Mothma siguen haciendo eco y encuentran recurrente asidero en nuestra realidad política.

No hace falta ver ni una sola película. Luchar contra el Imperio equivale a enfrentarse a cualquier régimen autoritario, a cualquier líder político que busque perpetuarse en el poder, por más que haya llegado a él por la vía democrática. Andor nos ofrece tres señales con las que podemos identificar si estamos viviendo bajo un régimen autoritario: 1) un pueblo dormido, 2) la pérdida de la realidad y 3) la urgencia de control.

La primera se la debemos a Marva, madre del rebelde Cassian Andor (Diego Luna). Ella nos regala una de las secuencias más hermosas de La guerra de las galaxias. En un holograma post mortem, Marva se lamenta: «Nos dormimos (...) Hay una oscuridad que, como el óxido, alcanza todo lo que nos rodea. Lo dejamos crecer y ahora está aquí, y ya no está de visita; quiere quedarse. El Imperio es una enfermedad que prospera en la oscuridad; se siente con más vida cuando estamos dormidos».

¿Cómo se duerme al pueblo? Distorsionando deliberadamente la realidad. Mon Mothma se juega la vida en su último mensaje ante el Senado: «La distancia entre lo que se dice y lo que se sabe que es verdad se ha vuelto de pronto un abismo. La pérdida de una realidad objetiva tal vez sea lo más peligroso. La destrucción de la verdad es el triunfo definitivo de la maldad. Cuando la verdad nos abandona, cuando la dejamos escapar, cuando nos la arrebatan de las manos, quedamos vulnerables al apetito del monstruo que tenga el rugido más fuerte...».

Pero controlar la narrativa en un mundo hiperconectado como el nuestro exige una estrategia de opresión brutal. Alguien debería tomarse el tiempo de transcribir completo el manifiesto de Nemik, que afirma: «Al Imperio le urge tener el control, porque no es natural. La tiranía requiere un esfuerzo constante; se rompe, tiene fugas. La opresión es la máscara del miedo». El miedo a perder las próximas elecciones obliga a los gobiernos autoritarios a cerrar el puño. Pero, cuanto más aprietan, más fugas, más rupturas y menos control. Prosigue Nemik: «Habrá momentos en los que la lucha parezca imposible. Nos sentiremos solos, eclipsados por el tamaño del enemigo. Recuerda esto: la libertad es una idea pura; se da espontáneamente y sin órdenes. Actos aleatorios de insurrección ocurren constantemente en la galaxia. Hay ejércitos enteros, batallones que no tienen idea de que ya se incorporaron a la causa. Incluso el acto de insurrección más pequeño nos lleva hacia adelante». ¿Ficción? Despierta y mira a tu alrededor. ¿Ves a un pueblo dormido? ¿Domina la posverdad? ¿Parece que el Gobierno tiene urgencia por controlarlo todo? Saca tus propias conclusiones.


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