Esa bola de pelos

Ciudad de México /
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Despertó por la escandalera que los gatos armaron sobre su techumbre: día tras día por las noches, sobre todo desde que Nina, la gata, llegó. El Wiwis aceptó el regalo de su novia. Erika llegó con la bebé felina y sin más se la entregó:

—Siempre has deseado una gatita negra con lucero blanco en la frente. Aquí la tienes, a ver qué pero le pones…

—Ora a ver cómo me va: mamá dice que el que quiera mascotas, primero se haga de su propia casa, porque en la suya apenas caben los humanos y con esos animales basta.

—Verás cómo se enamora enseguida, parece un juguetito, es muy juguetona y cariñosa.

—Si no, le buscamos dueño. Ya sabes el dicho de mi jefita: “Mi casa es mía y el que quiera hacer su voluntad, que lo haga en su propiedad, faltaba más”.

—Nomás deja que la vea y se enamora. Esponjadita y vivaracha, es muy juguetona. Y no volverás a ver ratones en tu cuarto…

—Mi mamá prefiere a los ratones que más bocas para alimentar. No creo que cambie de un día para otro.

—No nos conoces a las mujeres. Nos encariñamos fácilmente con los animales. Si no, desde cuándo te hubiera dejado, rey —agregó la muchacha y soltó la carcajada.

— Ándale, te llevas y luego no te aguantas, amor.

—Uy, andas sensible. ¿Será porque amaneció nublado o andas en tus días?

—Nada, pus qué. Le dices que la gatita no tiene nombre. Que ella la bautice y verás que da su brazo a torcer. Está retebonita la micifuza, y en cuanto tenga la edad, la llevo al veterinario para que

la esterilice…

—¿Y con qué billete, amor? Yo voy para el mes sin chamba y quieres que lleve otra boca qué alimentar. A garrotazos me echará con todo y animalito, no la conoces bien todavía a la que será tu suegra.

—Dámela, la pongo más bonita y yo se la regalo, verás que no se niega a recibirla…

—Ten. A ver si no te da un descolón, nomás no luego digas que no te lo advertí…

Tocaron a la puerta y la madre del muchacho abrió. En cuanto vio a la gatita retrocedió:

—¡Ay, no. Váyanse de aquí con esa bola de pelos antes de que me vengan los estornudos y el lagrimeo!, si bien saben que soy alérgica a esos animales. Para cuando regresen, sin gato, ya estará la comida… De paso traigan un kilo de tortillas, nomás apúrense… 


  • Emiliano Pérez Cruz

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