Despertó por la escandalera que los gatos armaron sobre su techumbre: día tras día por las noches, sobre todo desde que Nina, la gata, llegó. El Wiwis aceptó el regalo de su novia. Erika llegó con la bebé felina y sin más se la entregó:
—Siempre has deseado una gatita negra con lucero blanco en la frente. Aquí la tienes, a ver qué pero le pones…
—Ora a ver cómo me va: mamá dice que el que quiera mascotas, primero se haga de su propia casa, porque en la suya apenas caben los humanos y con esos animales basta.
—Verás cómo se enamora enseguida, parece un juguetito, es muy juguetona y cariñosa.
—Si no, le buscamos dueño. Ya sabes el dicho de mi jefita: “Mi casa es mía y el que quiera hacer su voluntad, que lo haga en su propiedad, faltaba más”.
—Nomás deja que la vea y se enamora. Esponjadita y vivaracha, es muy juguetona. Y no volverás a ver ratones en tu cuarto…
—Mi mamá prefiere a los ratones que más bocas para alimentar. No creo que cambie de un día para otro.
—No nos conoces a las mujeres. Nos encariñamos fácilmente con los animales. Si no, desde cuándo te hubiera dejado, rey —agregó la muchacha y soltó la carcajada.
— Ándale, te llevas y luego no te aguantas, amor.
—Uy, andas sensible. ¿Será porque amaneció nublado o andas en tus días?
—Nada, pus qué. Le dices que la gatita no tiene nombre. Que ella la bautice y verás que da su brazo a torcer. Está retebonita la micifuza, y en cuanto tenga la edad, la llevo al veterinario para que
la esterilice…
—¿Y con qué billete, amor? Yo voy para el mes sin chamba y quieres que lleve otra boca qué alimentar. A garrotazos me echará con todo y animalito, no la conoces bien todavía a la que será tu suegra.
—Dámela, la pongo más bonita y yo se la regalo, verás que no se niega a recibirla…
—Ten. A ver si no te da un descolón, nomás no luego digas que no te lo advertí…
Tocaron a la puerta y la madre del muchacho abrió. En cuanto vio a la gatita retrocedió:
—¡Ay, no. Váyanse de aquí con esa bola de pelos antes de que me vengan los estornudos y el lagrimeo!, si bien saben que soy alérgica a esos animales. Para cuando regresen, sin gato, ya estará la comida… De paso traigan un kilo de tortillas, nomás apúrense…