Porque pues así nació

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Pues sí, te digo que se le cruzaron los cables al Gallareto, definitivamente se nos fue. No pa’l otro lado, pero sí a donde te meten a la bata blanca enferma de gris, y mientras entre dos se apalancan pa’ que no escape, otro enfermero con la jeringa por delante le aplica el amansalocos y poco a poco la calma entra y Gallareto se va poniendo lacio, lacio, lacio; Magos y Gonzala, sus hermanas, muy serenas esperan que el psiquiatra llene la receta y les recite las prevenciones para que su carnal no se rompa el cráneo a topes contra la pared o donde mejor le plazca, señoras: hagan el esfuerzo para atenderlo o de plano llévenlo a la casa de la risa que más les acomode, antes que las meta en problemas con sus vecinas: orita nomás las persigue y les olisquea el cabello, pero si se le sube la libido las doñas le acomodarán una catorriza que lo dejará más lurias todavía. Cuídenlo y ténganle paciencia, no puedo estar medicándolo para que se la pase dormido toda la vida; no dejen que se desnude nomás porque sí, mejor sería que lo internaran, pero allá a ustedes: no entienden que no tiene remedio, que este Gallareto y sus pulsiones de vida causan gracia una o dos veces, pero la gente se cansa y ustedes serán culpables de los moquetes que se gane este hombre.

Ay doctor, claman Gonzala y Magos: sólo Dios sabe qué hicimos en vidas anteriores, que nos mandó a este hermano tan deschavetado, en castigo por nuestros pecados; ayúdenos a encontrar adónde internarlo, y que lo traten como el humano que ya no es, pero que parece; tantas porquerías se metió en el cuerpo que lo dejaron así como está: más peligroso que una cobra, inquieto como cabra, pero a nosotras la vida nos la quiebra, y por si fuera poco: ya usté nos cobra más y no nos alcanza pa’ sostenernos: que si los medicamentos; que si la ropa que a cada rato destroza; que come tierra de las macetas y le dan curseras que no lo debilitan, pero que hay que atenderle para que no se nos ponga más anémico de lo que ya está: de veras que nos saca canas verdes y hasta el último centavo de la bolsa; quiera Dios y se lo lleve pronto, ya le lloraremos un ratito, pero se nos pasará, porque si no, nos va a llevar entre las patas y vamos a terminar todos con él en la granja y quién va a ver por nuestras plantitas y nuestros pollitos y los canarios que tan bonito cantaban, porque llegó el día que volvimos del mercado, y ahí traía a la parejita de pajaritos en la boca, los ahogó con su saliva, encarcelados entre sus dientes, y ni modo de zarandearlo, ya como está suficiente martirio tiene, más cuando nos ve chillar y nos quiere comer a besos para aplacarnos, y pues sí: una, encorajinada, no está para esos cariños y mejor lo amarramos para que esté un rato ahí sentado en su silla, apaciguado, pero viera que sí sentimos feo porque es nuestro bro, es de nuestra sangre, herencia de nuestros papases que nos lo encargaron mucho; hay que tenerle paciencia, mucha paciencia, porque pues así es ya, y pues así se va a morir: gracias por atenderlo y atendernos, ya el Todopoderoso se lo pagará, porque nosotras, ¿pus de dónde? Si con trabajos ahí la vamos pasando, y le agradecemos mucho, de verdad que sí: mucho. 



  • Emiliano Pérez Cruz

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