Agua: la verdad, aunque sea incómoda

Jalisco /
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A estas alturas, no hay duda: la calidad del agua será la batalla sexenal de Pablo Lemus. La realidad muchas veces no encaja con la aspiración. En política, rara vez. Seguramente Lemus pensó que sería la economía el eje de su mandato o el transporte público. O el Mundial. Seguramente Alfaro pensaba antes en la refundación que en la pandemia. Y Aristóteles tuvo que surfear a un PRI corrupto en declive, cuando seguramente él quería ser recordado por la Línea Tres. Los gobernadores pueden tener mucho poder y control, pero la realidad muerde como serpiente. Tomo prestada la frase de The Economist.

Para enfrentar la crisis por al agua sucia en la ciudad, Pablo Lemus grabó un video –de aproximadamente seis minutos– en donde explicó por qué el agua sucia se convirtió en el principal problema de los tapatíos. Y cuáles son las soluciones a mediano y largo plazo. Debo de decir que es el mensaje más sólido que le he escuchado a Pablo Lemus. El gobernador huyó de la tentación del populismo y las soluciones mágicas, para abrazar el realismo y aceptar el problema tal cual es con todas sus complejidades. Hubo algo de echar culpas al pasado, pero el enfoque fundamental fue resolver el problema. Con lo que ello significa: tandeos de agua, rotación del servicio, baja de presión en los hogares, inversiones. El gobernador admitió que resolver el problema no será fácil y que habrá afectaciones en los hogares de los tapatíos. Para eso es el capital político: un instrumento para resolver los desafíos sociales. No es un capital para atesorar como mausoleo a la arrogancia del poder.

La adultez de la reacción de Lemus me gusta porque contrasta con el populismo y el infantilismo que simbolizan a Morena. Para nadie es una sorpresa si digo que los gobiernos estatales de Morena son un desastre. No hay ninguno que pueda sacar pecho por resultados: Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Campeche, Guerrero, la Ciudad de México, Tamaulipas. Son gobiernos incompetentes que viven de la popularidad de los programas sociales operados desde la Federación. No hay gobernadores, sino delegados del Centro. Los gobernadores de Morena han salido con niveles bajísimos de aprobación y con serias dudas sobre su honestidad. El caso de Rubén Rocha Moya en Sinaloa es, tal vez, el más icónico.

La apuesta de Morena es la demagogia más inconsciente. Para muestra un botón: la presa del Zapotillo. Décadas de debates políticos sobre la presa, para que López Obrador tomara la decisión de concluir una obra sin resolver nada. La cortina quedó a cuarenta metros de altura y sin las inversiones necesarias para conectar la presa con la ciudad. López Obrador resolvió el problema político y se olvidó del agua. Porque sabía que decidir tenía costos. Y él siempre fue alérgico a cualquier medida que resultase impopular para su base de votantes.

El Zapotillo es símbolo de algo más: las obras morenistas que no sirven para nada o que han dado más problemas de los que han resuelto. Piense usted en la Refinería de Dos Bocas que costó una millonada y está a menos de la mitad de su capacidad de refinación (40%). O el Aeropuerto Felipe Ángeles que supuestamente iba a despresurizar la demanda que recae sobre la capital del país y al final ha sido un fiasco en forma de elefante blanco. O el Tren Maya. ¿Qué más agregamos? Las obras insignia de Morena se hicieron con una narrativa popular (combatir la corrupción de Texcoco, llevar turistas a las comunidades marginadas del sur, garantizar soberanía energética), pero terminaron resolviendo nada. Negocios del poder con un discurso populista.

A algunos les gustará el estilo de Lemus y a otros no, eso es parte de la política. No obstante, está enfrentando el problema sin rehuirle. No está buscando parches ni rutas cortas. Al final juzgaremos sus decisiones por sus resultados. Si en un plazo de seis meses, el problema está en vías de resolverse podremos decir que los esfuerzos ciudadanos, financieros y gubernamentales fueron encaminados en la dirección correcta. Si se corrigen los problemas de origen del agua contaminada con las obras del segundo acueducto de Chapala y la renovación de las plantas potabilizadoras, la ciudad podrá garantizarse abastecimiento y una mínima calidad del agua para los próximos años. No creo en las soluciones fáciles de Morena, aquellas que quieren resolver los problemas sin enfrentarlos. Resolver los problemas sin invertir un peso. Asumiendo que la magia del discurso demagógico limpiara el agua sin incomodidad social. Prefiero la verdad pura y dura, aunque ésta suponga sacrificios. Prefiero la política adulta y no la mentira populista.


  • Enrique Toussaint
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