¿Está funcionando la legalización y despenalización de las drogas?

Jalisco /
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Sigo pensando que la mejor manera de combatir el uso de drogas no es en la cárcel. Sigo pensando que una persona que fuma marihuana o que compra cocaína no debe pisar la prisión. Llenar nuestras cárceles de consumidores de drogas no tiene ningún sentido. Dejando asentado esto, es importante dejar en claro que la ola de legalización de la marihuana y la despenalización de múltiples drogas a nivel mundial no ha tenido los efectos esperados. Incluso, el New York Times, firme impulsor de la legalización en Estados Unidos, ha tenido que escribir una editorial en febrero admitiendo que han existido efectos no deseados que deben ser considerados.

La legalización de la marihuana y la despenalización en general tenía tres propósitos: el primero, regular el consumo para evitar el inicio a edades tempranas y contener su uso desproporcionado a través del control del Estado. Segundo, evitar que los consumidores pasaran años en prisión por delitos sólo de consumo. Incluso, buscar que aquellas personas adictas obtuvieran ayuda con sus problemas, pero que lo hicieran en libertad y no tras las rejas. Tercero, quitar al narcotráfico un suculento ingreso producto de la venta de marihuana y sus derivados. Los datos no muestran resultados alentadores en las distintas áreas.

Primero, el consumo de marihuana y otras drogas se ha disparado. De acuerdo con el World Drug Report de 2025, la población que consume droga en el mundo pasó de 244 a 316 millones en dos años. Y en la última década, el consumo de cannabis subió 40% con los procesos de legalización y despenalización en distintos países del mundo. En Estados Unidos, de 2012 a 2025, 12 millones de estadounidenses más consumen marihuana a diario. Es decir, no son usuarios ocasionales, sino personas que se han vuelto dependientes de la sustancia. El propio NY Times pide mayor regulación para evitar los efectos nocivos que está generando la marihuana en la salud mental y en el estado físico de las personas. En México, de 2016 a 2025, el consumo de drogas en general pasó del 9 al 13% de la población, siendo la marihuana la droga más consumida. Por cierto, este incremento en el consumo de las drogas viene aparejado de una caída en el consumo del alcohol (una buena noticia dentro de este panorama). Ojo: el consumo de marihuana se duplicó en México en la última década.

Segundo, tampoco se logró evitar –En México– que la despenalización supusiera encarcelar a menos consumidores. Y es una terrible paradoja: mientras el consumo de marihuana en adultos casi se duplicó (8.6% a 12-13.3% según la Encuesta Nacional de Drogas, Alcohol y Tabaco de 2025), el aparato penal sigue encarcelando a miles de personas cada año por posesión o consumo —cerca de 21,000 personas presas por delitos de drogas al cierre de 2024, con la marihuana como sustancia más frecuente entre menores de edad imputados. Las leyes que se aprobaron para castigar a los productores y narcos, pero no penalizar a los consumidores, sólo han supuesto más consumo y más prisión.

Y tercero, en materia de los recursos que van al crimen organizado, es cierto que ha habido una reducción en los ingresos del narcotráfico por la venta de marihuana en Estados Unidos, pero esos recursos se han sustituido por la venta de drogas sintéticas, en especial las metanfetaminas. Es decir, los narcos siguen teniendo la misma capacidad económica y de fuego. Solamente Uruguay, siendo un país minúsculo del tamaño de un estado como Guanajuato, puede mostrar datos alentadores en materia de combate al narcotráfico.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué hacemos? Las drogas existen y no van a desaparecer. El prohibicionismo fue un fracaso. Los procesos de legalización y despenalización tampoco están debilitando a los criminales y sí están incrementando los niveles de consumo de drogas. Debo admitir que no tengo una respuesta clara. Utilizar todos los aparatos del estado para impedir que la gente fume marihuana en lugar de encontrar desaparecidos o combatir los homicidios, me parece una tontería. No obstante, legalizar sin admitir que sí hay riesgos, es un salto al vacío que es irresponsable. Oregon es un caso relevante en Estados Unidos: las muertes por sobredosis se incrementaron, hasta que se estabilizaron por encima de las mil 400 por año (en 2020 eran menos de mil). El fentanilo también ha tenido un efecto terrible para las juventudes.  

Después de observar este tema por algunos años, creo que la apertura a las drogas se debe hacer con cuidado, basado en prescripciones, participación de expertos y con mercados muy regulados. Legalizar no es inocuo. La marihuana tampoco lo es, su consumo (y su producción de alta potencia y alto grado de THC) puede generar graves problemas de paranoia y salud mental que se están observando en los consumidores de muchos años. Los modelos canadienses e islandés en su gestión del alcohol puede ser un ejemplo interesante. Los candados para el consumo hacen que el estado pueda participar activamente en la regulación y el acceso a la sustancia. El consumo y la adicción tiene mucho que ver con su disponibilidad. Las drogas, legales o ilegales, no son un debate que se deba reducir a la prohibición o a la legalización, hay más consideraciones. El problema existe y su solución demanda creatividad, sensibilidad y evidencia científica.


  • Enrique Toussaint
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