Cada chiste es una pequeña revolución”, escribió George Orwell en 1945. La risa siempre ha sido un mecanismo de contrapoder. ¿Por qué el radicalismo islamista buscó silenciar al semanario satírico francés Charlie Hebdo? ¿Por qué los políticos pasan tanto tiempo buscando influir en los cartonistas y en los moneros? Porque la broma política es un discurso muy eficaz para desnudar al poder. Los dictadores detestan la comedia: la prohíben, la persiguen, la censura. Las dictaduras son grises e inexpugnables. Construyen una estética del poder infranqueable; el poder que no admite transgresiones cómicas.
Rusia, Venezuela, Cuba, El Salvador, Nigeria son ejemplos de países que persiguen activamente la comedia política. Aplican el código penal para sancionar cualquier expresión popular de burla hacia la autoridad. Las instituciones son sagradas, son religiones y así deben ser tratadas por los súbditos del reino. A diferencia de los sistemas autoritarios, las democracias no pueden ni deben perseguir la comedia política, la sátira o los memes. No importa que se burlen de la bandera, la Presidenta, el himno o el escudo nacional. La libertad de expresión debe asumir en su seno la burla política como parte de la expresión popular. La comedia y la política han ido tan de la mano que los bufones eran parte de la sátira tolerada en la edad media. El derecho a no ser ofendido no existe.
Por ello, la llamada ley “anti-memes” promovida por Morena supone un paso autoritario irresponsable. Reformar el Código Penal y la Ley Federal de Derechos de Autor para incorporar sanciones penales a quien reproduzca ilegítimamente la identidad gráfica de una institución criminaliza el chiste político, sobre todo aquel que se viraliza en redes. Los cambios legales permiten una persecución de oficio y se relajaron los estándares probatorios. El Gobierno pudo expresamente dejar la burla política fuera del marco legal y decidió no hacerlo. Si su temor son las noticias falsas, perfectamente podrían haber acotado la ley a eso y dejar fuera los memes y los cartones políticos.
No obstante, la ambigüedad es inherente al Gobierno de la autollamada Cuarta Transformación. Lo mismo pasó con los derechos de las audiencias. Los diputados de Morena o el Gobierno impulsan leyes que dejan grandes islas de interpretación que provocan vacíos legales, autocensura e inhibición. Muchas veces el objetivo no es censurar de entrada, sino dejar la posibilidad de hacerlo en caso de ser necesario. Los neo-autoritarismos no asaltan medios o desaparecen cartonistas. Sino que confeccionan leyes para amenazar con privar de la libertad y de su patrimonio a quienes osen reírse del poder.
Las verdaderas democracias amplían la libertad de expresión en lugar de reducirla. Por ejemplo: la Unión Europea en la Directiva de Derechos de Autor de 2019 (art. 17) obliga a los Estados a garantizar excepciones para parodia, caricatura y burla cuando exige filtros a plataformas. Es decir, Europa reguló lo mismo que México, pero blindando la sátira por escrito. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, caso Eon vs. Francia, condenó a Francia por multar a un ciudadano que parodió una frase de Sarkozy en un cartel; dijo que la sátira es expresión protegida.
Morena llegó al poder también apoyado en un grupo de moneros que haciendo uso de su libertad de expresión apoyaron el proyecto de López Obrador y parodiaron a los gobiernos del PRI y del PAN. Incluso, El Fisgón ha fungido como formador de las nuevas generaciones de políticos en Morena. Es una contradicción que un partido que entendió el contrapoder de la risa, hoy regule aquello contra lo que podemos burlarnos y aquello que está prohibido. Los memes son libertad de expresión pura. Son ofensivos porque esa es su naturaleza, provocar gracia a través de la burla. A mí me han hecho memes y nunca se me ha ocurrido querellarme contra alguno de sus autores por lastimar mi honorabilidad.
Me parece grave la senda por la que camina Morena como proyecto político que gobierna en la mayoría del país. No sólo ha destruido los contrapesos esenciales de la democracia, sino que ahora comienza a meterse con aquello que se puede decir (derechos de audiencia) o aquello con lo que nos burlamos del poder y sus contradicciones (ley anti-memes). La libertad de expresión es una flor que se riega a diario, permitir leyes ambiguas termina por secar los derechos de todos.