Desnudar a quienes mienten

Ciudad de México /
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Apunta de mentiras se defienden hoy las y los mentirosos que monopolizan los espacios más importantes en los medios. No podía ser de otra manera; si la hipocresía, como decía Carlos Monsiváis, es la única doctrina de la reacción, la mentira es para ellas y ellos su forma de vida.

Víctimas de censura se fingen hoy que, en estricto cumplimiento de lo que la Constitución establece y lo que marca la ética periodística, se pretende que sean los propios medios de comunicación y no el Estado los que establezcan mecanismos para preservar el derecho de las audiencias a la información veraz, plural y oportuna.

Decía Francisco de Quevedo y tenía razón: “Mal oficio es mentir, pero abrigado. Eso tiene de sastre la mentira que viste a quien la dice…”, y esas y esos que mienten descarada y sistemáticamente temen hoy quedar desnudos y exhibidos.

Defienden a coro su derecho a engañar a una audiencia a la que desprecian y, sobre todo, defienden “su negocio”. Son parte de esa élite de multimillonarios “líderes de opinión” que, en un país donde decenas de miles de reporteros pobres se juegan la vida a cada paso, no pisan jamás las calles y creen que la historia ha de pedirles cita y presentarse en sus estudios de radio y televisión.

Con Julian Assange, que penetró los sistemas de comunicación del Pentágono y exhibió videos y decenas de miles de documentos verídicos que mostraban el carácter criminal de las operaciones militares estadunidenses, pretenden —en el colmo del descaro— compararse quienes aquí han hecho viles montajes con Genaro García Luna, inventan filtraciones de fuentes inexistentes, repiten los chismes que les transmiten agentes de campo de la DEA o las calumnias e infamias de la campaña de propaganda diseñada por la derecha internacional.

No son periodistas, son sicarios que actúan por consigna y sus jefes; los concesionarios de radio y televisión y los dueños de medios no son encomenderos ni hacendados —aunque hay uno que se siente y se comporta como si fuera Hernán Cortés—, como no somos ni esclavos ni peones acasillados quienes escuchamos la radio, vemos la televisión, leemos los diarios o nos topamos con el contenido con el que, también, han saturado las redes.

Nunca han tenido tanta libertad; hoy nadie les reprime, les censura o trata de cooptarlos o comprarlos. Nunca tampoco se han enfrentado a unas audiencias tan libres y conscientes de sus propios derechos y tan dispuestas a reclamarlos, a hacerlos valer. Audiencias —y eso se vio en las urnas— que ya se les salieron del redil y ante las que, más temprano que tarde, quedarán desnudos. 


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la productora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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