La derecha delincuencial mexicana

Ciudad de México /
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El que no aparece mencionado en averiguaciones previas tiene ya órdenes de aprehensión en su contra o libra, a punta de amparos, pactos políticos y otras artimañas, procesos de desafuero.

Otros, como el exgobernador de Tamaulipas Francisco García Cabeza de Vaca, simplemente salieron corriendo de México y hoy, entregándose en cuerpo y alma al gobierno estadunidense, evitan su extradición.

Así la derecha delincuencial mexicana. Una derecha que más que en la tribuna parlamentaria debería alzar la voz en la barandilla de un juzgado.

Una derecha cínica, elemental, rapaz e impresentable; espejo fiel de quienes la dirigen.

Romero, el capo del cártel inmobiliario con un atajo de cómplices tras las rejas.

Anaya, el hombre de los sobornos de Odebrecht, el valiente que salió huyendo y sólo regresó con fuero.

Moreno, el que se da baños de pureza en Washington y no tarda en pasar de acusador a acusado.

Téllez, la estridente vocera de la derecha estadunidense.

Moreira, al que su propio hermano acusaba de crímenes atroces.

Maru Campos, a la que su traición a la patria ha puesto contra las cuerdas, aunque se sienta hoy, gracias a sus asesores de imagen, una “Xóchitl reciclada” y en la antesala de la Presidencia de la República.

Vicente Fox y Felipe Calderón, en su rancho uno, huido el otro, cómplices ambos en el robo de la presidencia y corresponsables del encumbramiento de Genaro García Luna.

Todas y todos se fingen víctimas de persecución política y tienen el descaro de presentarse, luego de haber sido parte de uno de los regímenes más represivos, autoritarios, corruptos y longevos de la historia moderna, como mártires de la libertad y la democracia.

Todas y todos ruegan a Donald Trump que intervenga militarmente en México y todas y todos colaboran y preparan activamente el terreno para esa invasión con la que los halcones supremacistas sueñan.

Ya lo he dicho antes y lo repito; lo suyo es la traición y a que los salven las botas de los marines y no los votos de las mayorías apuestan.

Casi medio siglo —desde el primer acuerdo con Carlos Salinas de Gortari para llevar a Ernesto Ruffo a la gubernatura— llevan jugando sucio y usando a la democracia como coartada para el saqueo.

Fraude tras fraude se fueron convirtiendo en lo que son: una fuerza destinada a la derrota y, para bien del país, a la irrelevancia, a la extinción. 


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la productora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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