La derecha y el 'narco': dos caras de la misma moneda

Ciudad de México /

¿Quién le vende la droga al alto ejecutivo de Wall Street?

¿Quién al político en Washington?

¿Quién se la lleva, hasta las puertas de su mansión, a la estrella de Hollywood?

¿Qué cárteles procesan, almacenan y distribuyen, en las grandes ciudades de Estados Unidos, la droga que consumen diariamente millones de adictos?

¿Qué capos obtienen, lavan y acumulan los centenares de miles de millones de dólares que produce la venta de la enorme variedad de narcóticos que circulan en el mercado más grande del mundo?

¿Quién persigue a los capos y cárteles estadunidenses?

¿Por qué las autoridades no realizan decomisos importantes de droga en Nueva York, Los Ángeles, Miami o Chicago?

¿Por qué la gran prensa de Estados Unidos no denuncia la existencia de esos cárteles, no habla de esos capos, no dice quiénes son los verdaderos dueños del negocio, no desenmascara a los jueces, fiscales y policías corruptos que les permiten operar impunemente?

¿Por qué los narcos de Hollywood siempre se apellidan Guzmán, Zambada o Escobar?

¿Por qué solo se habla de quienes venden la materia prima y nunca de sus patrones o de las armas que envían a México?

Responder estas preguntas, plantearlas siquiera, asumir un enfoque de responsabilidad compartida ante la crisis, es algo que a la derecha, en ambos lados de la frontera, no le interesa en absoluto, y menos todavía en los tiempos aciagos que vivimos.

Derecha y narco han sido, a lo largo de la historia, dos caras de la misma moneda. Un pueblo adicto es un pueblo fácil de someter. La droga no mata el hambre, no reduce la desigualdad social ni acaba con la injusticia, pero sí con la indignación que estas producen.

El narco, combinado además con el terrorismo, ha resultado un eficaz sustituto del comunismo. Ya tienen, los nuevos cruzados en Estados Unidos, un enemigo externo y la coartada ideal para su proyecto de dominación hemisférica.

Para el PRIAN, el de Felipe Calderón y Genaro García Luna coludidos para robarse la presidencia. El que, desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, nunca se plantó con dignidad ante Washington y propició el crecimiento —desde los sótanos del Estado hasta los más importantes despachos de Los Pinos— del crimen organizado, sumarse a la cruzada de Trump, aunque esto implique traicionar a México, es su única esperanza.

Como saben que con votos no pueden, a las botas de los marines apuestan.


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la productora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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