No tengo tiempo, es muy costoso, está fuera de mi presupuesto, no tengo a qué ir, yo puedo resolverlo.
Son sólo algunas de las respuestas que he escuchado cuando pregunto por qué no acuden a terapia psicológica, tanatológica o psiquiátrica.
La salud mental es prioritaria en todos los sentidos, desde la emocional hasta la física.
De eso no se muere la gente, es otra de las respuestas, temo decirles que al igual que cualquier padecimiento, la salud mental también puede empeorar y podría llegarnos una crisis de ansiedad o de depresión que pudiera llevarnos a pensamientos suicidas, entonces con esto les digo que una mala salud mental sí nos puede llevar a la muerte.
Tenemos que quitarnos la idea de que acudir a terapia es un signo de debilidad, considero que quienes van a una sesión terapéutica son valientes al enfrentar sus conflictos internos, se demuestran amor al querer potencializar su bienestar emocional.
No podemos ser nuestro propio terapeuta ni pensar que los amigos, los padres o los hermanos lo pueden ser, porque siempre habrá un sesgo, un psicólogo, tanatólogo o psiquiatra siempre nos dará alternativas que no hemos visto.
Aarón Beck, padre de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), demostró que al distorsionar la forma de procesar la información nos genera sufrimiento emocional, es decir, los pensamientos catastróficos.
La psicoterapia ayuda a identificar y modificar las creencias que nos hacen daño para regular el estado de ánimo.
Carl Rogers psicólogo y uno de los autores de la psicología humanista, demostró que el entorno incondicional y empático de la terapia, permite desbloquear la capacidad de auto curación y auto aceptación de la persona, sostiene que el ser humano tiene una tendencia innata hacia el crecimiento.
Ante el fallecimiento de un ser querido, el tanatólogo está para acompañarnos en el proceso de duelo, afrontando la muerte y encontrando un significado a la pérdida y al sufrimiento inevitable para transformar el dolor.
Tiempo sí hay si lo buscamos, existen asociaciones civiles, dependencias gubernamentales y hasta universidades que tienen sesiones terapéuticas a bajo costo, algunas son gratis, así que el precio no es excusa.
La realidad es que todos cargamos con heridas y resentimientos.
Si vamos al médico cuando nos duele algo, acudamos con un especialista de la salud mental para tener el espacio para sanar, ordenar y descifrar aquello que no podemos nombrar.
Cuidar de la salud mental no debiera ser un lujo ni el último recurso, sino la base para vivir con claridad, propósito y una verdadera paz interior.